¿CONOCES AL ACTOR PRINCIPAL DEL REPARTO?

La obra de teatro de la vida.

Toda obra de teatro genera cierto grado de fascinación y de encanto en quienes la vivencian como espectadores, y también un estado especial en quienes tienen participación principal como actores en ella. Hay obras que resultan muy aplaudidas por el público que las presencia y otras que no parecen llegar a despertar la fibra íntima de los espectadores y hasta puede llegar a producirles un desencanto.

¿Conoces al actor principal?

Seguramente estarás de acuerdo conmigo en que si tu vida fuera una obra de teatro, el actor principal sin duda alguna serías tú mismo (o tú misma). Sobre las tablas, si la obra no le interesa al público o no lo representara de algún modo, sería indiferente prestarle la debida atención. En otras palabras, en ese caso no existiría ningún tipo de intercambio de energía desde los espectadores hacia los actores que por lo general se manifiesta materialmente como el entusiasmo y el aplauso merecido.

En el caso de tu obra teatral personal, cada escena tal vez podrá tener resultados que provocarán el aplauso del entorno, o bien puede ser que ella sea ignorada, pero sin embargo esa manifestación siempre obtendrá en tu interior una reacción: tu feliz aprobación o tu frío desencanto.

¿Cuánta importancia tiene el aplauso ajeno?

Realmente, si existe el aplauso exterior o no, no debería ser tan importante ya que esa obra está apuntando a la vida personal y los intereses principales de cada uno, y sea como sea, es vital que signifique algo para uno mismo, que le permita incorporar alguna clase de aprendizaje o experiencia, es decir, que sirva para enriquecer su vida.

El desencanto.

Ahora, en tu caso, sinceramente ¿Estás desencantado con tu vida, con sus resultados, con su desarrollo, o estás seguro que todo es perfecto y completo en ella? Te diría que todas las personas normales y corrientes, de alguna manera nos sentimos realizados en algún aspecto personal pero también nos sentimos disconformes en algún otro; nadie que fuese abiertamente sincero y absolutamente sensato podrá afirmar que está al ciento por ciento a gusto con todo lo que es, con lo que tiene y está del todo complacido con el mundo que lo rodea. Esta última actitud es muy peligrosa ya que no hay mejor motivo para detenerse en el camino que estar en la convicción de haber llegado a destino.

¿Puede evitarse el desencanto?

Existe tal vez algún caso especial en el cual cierta persona haya llegado al punto de aceptación, comprensión y sabiduría que le permita enfrentar cotidianamente cualquier suceso de la vida sin mayores conflictos, pero esto no significa ya haber alcanzado la cima sino sólo haber comprendido cómo se debe seguir caminando hacia la evolución permanente.

Esta actitud positiva implicaría sólo haber logrado adoptar la postura apropiada ante los imprevistos y las calamidades que pululan por el mundo; es como haberse inmunizado contra todas las pestes, lo que no garantiza haber adquirido la salud perfecta.

En la expresión diaria es absolutamente normal que todos nos sintamos de alguna manera desencantados respecto de algún aspecto de nuestra vida, en mayor o menor medida según corresponda al momento. Pero eso no tiene nada que ver con vivir desilusionados, desencantados y desesperanzados.

¿Qué existe tras el desencanto?

Quizás en la búsqueda de enfrentar con éxito tal desencanto mencionado, primero deberíamos preguntarnos: ¿Qué representa el desencanto? El desencanto se podría definir como una pérdida de esperanza o de ilusión respecto de conseguir algo, o bien si se refiere a alguien, el darse cuenta que esa tal persona en realidad no es tan maravillosa como uno se había imaginado que era.

Aquí deberíamos admitir que antes de sentirnos desilusionados primero nos habíamos “encantado” o “ilusionado” con algo o con alguien, es decir, nos habíamos centrado en una CREENCIA autoimpuesta o bien, asimilada sin ser cuestionada en base a los criterios de alguien más, pero que no correspondía a la evidente realidad.

¿El desencanto depende de nosotros mismos o de los demás?

Si ahora nos sentimos desilusionados es porque anteriormente NOSOTROS “nos habíamos hecho una ilusión” a la medida exacta de nuestros sueños, lo que indica que la ilusión y la desilusión corresponden sólo a un sentir personal subjetivo y por lo tanto son una creación propia, independiente de los demás.

El concepto de habernos ilusionado implica habernos formado una expectativa, con o sin fundamento; es decir que sólo se trataba de nuestra propia idea esperanzada del futuro de ese momento, por lo que no deberíamos culpar a los demás por desilusionarnos dado que ellos no son responsables de nuestra construcción del castillo de naipes que acaba de desmoronarse.

¿Esperar de la vida o tomar decisiones en base a sus efectos?

Esta conclusión debería hacer que reflexionemos en que sería más conveniente “espectar”, que “expectar”; digamos, es mejor estar como espectadores de un hecho a fin de apreciarlo clara y detalladamente de manera de juzgarlo en equilibrio y realidad, que estar expectantes de los resultados del mismo, agregándole el componente personal de nuestro deseo ilusorio de que nos favorezca.

Como ejemplo, si presencio un partido de futbol, me sería más provechoso estar atento a los momentos en que me deleitan las habilidades de los jugadores, sean de un equipo o del contrario, que estar expectante de que gane mi equipo preferido a costa de lo que sea.

Esto último no sería disfrutar del deporte sino simplemente estar fanatizado y expuesto a la desilusión si mi equipo preferido pierde el partido. Es decir, que convendría vivirlo objetivamente con capacidad de juzgar sus resultados en tiempo real, en lugar de estar rogándole a todos los santos esperando que ocurra aquello que nosotros estamos deseando.

El que espera, desespera.

Existe un dicho popular que señala: “El que espera, desespera”, o sea, por ejemplo, que el que tiene una expectativa respecto de un premio no ve la hora de que se realice el sorteo a fin de comprobar que lo recibirá. Y si no lo recibe, entonces se sumirá en la desilusión. La situación así analizada parece tener toda la lógica, sin embargo, las personas prefieren poner la ilusión y la esperanza a riesgo de desencantarse.

No estamos hoy en condiciones de apostar a una expectativa, porque es tiempo de imprevistos y de resultados que difícilmente puedan ser anticipados; personalmente he sido advertido por mis propios Guías que tenga cuidado con las predicciones, presumiblemente porque las condiciones previas del planeta han cambiado y las líneas posibles de futuro se han visto multiplicadas.

¿Ejercitar nuestra imaginación o soñar con el resultado?

Deberíamos, en favor de nuestra salud mental y espiritual, ser más concretos y en lugar de expectar, adoptar la actitud beneficiosa de ejercitar nuestra imaginación intentando prever distintas posibilidades, inclusive aún cuando algunas de ellas resulten antagónicas entre sí, a fin de que como reza el cicho antiguo, “salga pato o gallareta”, éstas no nos tomen por sorpresa.

Esto nos inducirá necesariamente a restarle importancia a lo que sucede afuera y concentrarnos mejor en las características del actor principal de la obra: nuestra propia persona, con la conciencia de apreciar nuestros propios recursos y valorar nuestras potencialidades. Y por supuesto, apostar a ella en lugar de ponerle fichas a una ilusión o a una expectativa que de alguna manera dependa de los demás.

Lo que no es común que las personas se pregunten.

Por ejemplo, es frecuente que cuando estamos ante una tirada de Tarot en el consultorio, quien consulta pregunte por cualquier tema, incluyendo salud, finanzas, trabajo, familia, la salud del canario o lo que sea, pero sin acertar a preguntar acerca de lo más importante: sobre sí misma, sobre su persona, sobre la actitud en que se encuentra, si es positiva o no lo es. Si está bien encaminado, o por el contrario si no tiene los pies sobre la tierra, en cuyo caso obtendrá indefectiblemente su correspondiente desilusión la que posiblemente justifique culpando al entorno.

Por algo la persona en la tirada astrológica estará siempre representada por la Casa I, es decir la primera, el área más importante de la tirada de doce Casas; pero la mayoría de las personas están centrándose en otros temas del afuera postergando su atención sobre el comportamiento del actor principal del reparto: ellos mismos.

¿Importan los espectadores o importa el actor?

No se comprende que las personas se preocupen tanto por los demás y tan poco se ocupen de sí mismos, estando pendientes tanto de su exterior sin comprender que el mismo es sólo un reflejo del estado del interior. Es como estar pendiente del aplauso ajeno en lugar de concentrarse en la actuación propia, sin darse cuenta que si el actor principal no actúa correctamente como se espera, la obra, por más famosa que sea, se convertirá en un fiasco.

Tal vez suene algo tan lógico lo que expreso que hasta parece tonto, pero sin duda que el lector habrá notado que la intención de este artículo se dirije hacia sufrir menos cuando los resultados esperados no coincidan con lo que habíamos esperado.

Y no solamente se dirije a eso, sino hacia fomentar el estar preparados para cualquiera que sea el eventual resultado, de forma de salvaguardar nuestra supervivencia en lugar de basarla en un supuesto aleatorio.

¿Cómo lograríamos mantenernos a salvo?

Invirtiendo en  nuestra persona: mejorándola, volviéndola más realista, más segura, más capacitada; haciéndola más poderosa, más productiva, más segura, más independiente.

Ciertamente, hacia centrar nuestra atención en el actor principal en lugar de hacerlo en el decorado, en la iluminación o en la actuación de los personajes secundarios; esto se consigue reforzando el impacto de nuestra performance personal de forma de cautivar al entorno por nosotros mismos, por nuestras cualidades, por nuestro desempeño y así obtener más aplausos de la vida, o sea, mejores resultados personales.

Esto no es otra cosa que una reiteración del concepto de la Ley de Atracción. Algo así como lograr la convicción de que “Dado que me he superado a mí mismo, ahora puedo atraer mejores cosas a mi vida”.

Necesito que alguien me salve.

En el consultorio, muchas veces alguna persona me pregunta, con palabras que redondean algo así: “¿Habrá alguien que llegue a mi vida? ¿Alguien que me traiga felicidad y compañía así logro despegarme de esta situación oscura en que me encuentro?”.

Esta pregunta suele referirse a la Casa V que se refiere a los amores o a la Casa VII que nos habla sobre la pareja, y al buscar en los posibles futuros, muchas veces esto me coloca en una situación muy difícil pero debo responderle concretamente con la verdad de modo que le sea útil a esa persona, y entonces le respondo: “¿No sería mejor invertir el concepto? Si lograras colocarte a tí misma en una situación luminosa, seguramente esto atraería a alguien acorde con quien compartirías las bendiciones mutuas”.

“Si hoy te reconoces en pérdida y tristeza ¿Sería justo ofrecerle eso a una persona que está en condiciones mejores que las tuyas? Además, sin superarte, ¿No crees que así atraerás a otra persona en situación similar, de modo que no se aportarán mutuamente nada positivo ni podrán ayudarse a crecer? ¿Te sirve rodearte de personas así o prefieres una situación mejor?”.

Estos cuestionamientos suelen sonarle coherentes a la persona y sirven no para desilusionarla sino para traerla de vuelta al plano Tierra; esto significa que interiormente antes de preguntar ella ya lo sabía, pero su expresión en general denotará cierto desencanto porque ella esperaba ilusionada que alguien especial apareciera por milagro en su vida y la llenara de luz, en lugar de elegir hacer el esfuerzo personal hacia revertir aquellas situaciones que hacen que hoy su vida no tenga la luz que debería tener. Se está olvidando del actor principal del reparto.

¿Cómo brilla tu luz interna?

Sabemos que en la noche, un farol encendido atraerá a una multitud de seres a su alrededor; muchos serán sólo insectos, mariposas, etc. pero sorprendentemente, también es posible que se acerquen pequeñas hadas a esa luz. ¿Cómo es que lo sé? Porque lo he presenciado personalmente, y esto con frecuencia suele sucederme cuando me detengo a observar el monitor.

En donde resido, he colocado una cámara de vigilancia exterior que funciona también de noche, y permite ver en el monitor interno aún en la plena oscuridad exterior. Es decir, aún cuando todas las luces se encuentren apagadas, esta cámara ilumina con una luz de rango invisible al ojo humano, donde las personas no ven que haya luz, pero esto hace que a veces suelen rodearla hadas diminutas volando y jugando a su alrededor, que bajo esta luz de bajo espectro se vuelven perfectamente visibles.

Por supuesto, cuando enciendo la luz exterior y salgo, no consigo verlas, sólo veo a los insectos, pero sí puedo observar su danza cuando miro el monitor desde el interior de la vivienda, con sus cuatro alitas revoloteando alegres alrededor de la tibia luz infrarroja de la cámara, tal como los turistas en la playa que buscan la caricia del sol.

Ésta es una similitud a lo que sucede cuando nos esforzamos en mejorar el brillo de nuestra luz interior, cuando mejoramos la calidad de actuación de nuestro personaje: mejores oportunidades y mejores personas se acercan a nuestra vida, como selectos espectadores que se aproximan atraídos por el desarrollo de nuestra obra teatral personal.

Entonces, en resumen, convenientemente no deberíamos buscar luces que nos iluminen pero que luego puedan desencantarnos cuando se apagan, sino aumentar el brillo de nuestra propia luz y así atraer todo lo positivo hacia nosotros, que en definitiva somos, cada uno en nuestra vida personal, el actor principal del reparto.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

Dando un “me gusta” a mi página de Facebook: Profesor Leo – El Sendero Del Ser, recibirás de inmediato cada artículo que se postee en el mismo y así podrás decidir si te interesa y al clickear en el mismo te llevará directamente al blog para leerlo.

Si te ha resultado de interés este artículo puedes compartirlo libremente en tus redes sociales citando la fuente de origen (botones inferiores), o bien, compartir el enlace al blog: www.elsenderodelser.com a tus amigos y a quienes puedan interesarles los temas tratados.

www.elsenderodelser.comwww.profesorleo.com.arprofesorleonqn@gmail.com

 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Realizado por Viviana Espín Ibarra. Diseño y Desarrollo Web.