¿LA MALDAD ES INHERENTE AL SER HUMANO?

Dentro de todos los seres con apariencia humana que habitan en este planeta Tierra, se encuentran los seres humanos. En realidad, no existe una especie humana originalmente pura, sino que nuestra especie ha sido hibridada y diseñada genéticamente por mentes geniales de afuera y de adentro de este planeta. El ser humano, como ser vivo, ha sido creado; no evolucionó naturalmente desde el chimpancé y eso se deduce porque debido a la rápida evolución del humano su desarrollo no ha podido deberse solamente al paso del tiempo, dado que éste ha sido demasiado breve en relación a dicha evolución. Por lo tanto, evidentemente hemos sido manipulados genéticamente en el sentido evolutivo.

Según la antiquísima cultura sumeria, un genial extraterrestre diseñador de genética llamado Enki, fue nuestro “padre” como generador de la especie humana en sus laboratorios. En esos principios del planeta, la intervención ET en la superficie de la Tierra era muy natural, tal como se ve en antiguas esculturas y pinturas dispersas en todos los confines del planeta, entre distintas culturas de razas humanas que no pudieron haber tenido contacto entre sí, pero sí evidentemente han partido de un mismo origen y han convivido con especies extraterrestres.

Tenemos de hecho genes similares al del chimpancé, pero también una extensa cadena genética de origen ET en la cual, la mayoría de nuestros genes están desactivados por el momento, a fin de limitarnos por un lado y protegernos de la extinción por otro.

Por supuesto, no facilitamos alegremente a nuestros niños que comienzan a caminar, elementos peligrosos como por ejemplo, un encendedor que podría incendiarnos la casa y hacer peligrar su vida y la de sus familiares. Por eso, la mayor parte de nuestra cadena genética está inhabilitada y por tal causa ha sido mencionada por la ignorancia de la ciencia (o por la perversa intención de quienes quieren mantenernos dominados, más probablemente) como “ADN basura”, siendo que en esos genes desactivados, sólo momentáneamente, se encuentran nuestras facultades “dormidas” tales como la clarividencia, el control de la mente, la telepatía, la clariaudiencia y tantas otras que son muy naturales en otras especies ET.

Cabe entonces preguntarse: ¿Y con respecto a la maldad? ¿Es natural en los seres humanos así creados, fue aprendida con el tiempo o fue incluída al ser alterados genéticamente? Para responder esta pregunta, al igual que cuando analizamos un problema sin aparente respuesta o solución, deberíamos hacer un cambio en el punto de vista cuando la posición actual no nos permite avanzar.

Por ejemplo, cuando no es posible resolver una ecuación matemática diferencial por un método tradicional, lo abandonamos e intentamos resolverla como prueba tentativa, mediante otra manera; el mismo principio adopto cada vez que me encuentro con una pregunta sin respuesta: un simple cambio en el punto de vista.

Ese cambio en el punto de vista sería factible en tanto comenzáramos por el principio, preguntándonos: ¿Qué es la maldad? Básicamente, se define como “calidad de malo”, pero puede ampliarse como “calidad de lo que se hace con intenciones perversas”, o bien “tendencia a hacer daño”, o también “acción que se hace en perjuicio de otro”.

Yendo aún más allá, y mirando desde el punto de vista espiritual, podríamos definir la maldad por oposición, es decir, definir algo en base a mencionar la carencia de lo opuesto, tal como definiríamos la oscuridad como la ausencia de luz. ¿Podrías definir claramente a la oscuridad? No es sencillo ¿Verdad?. ¿Podrías definir concretamente el concepto de “verdad”?

De esta forma, de manera similar a la resolución de un cálculo matemático mediante integrales, probemos una posible vía distinta de solución respecto del significado de “maldad” definiéndolo como  “la incapacidad o la inconciencia para actuar con buena intención”. De esa forma, ampliamos el concepto y consecuentemente se vuelve más sencillo comprenderlo sin mayores esfuerzos. La maldad pasa a ser ahora, una discapacidad en cuanto a la disposición de conciencia.

Por lo tanto, se infiere que “posee maldad” aquél “que no tiene conciencia” de lo que hace y por lo tanto no le importa el daño que provoca. Si practicara la maldad teniendo plena conciencia de que lo que hace es dañino, entonces hablaríamos ya no de maldad sino de “perversión”, siendo perverso aquél que claramente comprende que lo que hace resultará en un daño hacia otro, y aún así lo hace, o peor aún, disfruta al hacerlo.

Convengamos que el único animal sobre la tierra que disfruta haciendo el mal, es el ser humano cuando hace el mal por el sólo goce de hacerlo y la satisfacción de dañar a otro ser. Nadie le hace un mal a una piedra esperando alguna reacción de esa piedra. Conocí en otro tiempo a un hombre vecino de esta ciudad, que yo en principio accedí a la supuesta amistad que me ofrecía, y que un día me confió que si en ese día no había logrado sacarle ventaja a otro, no podría dormir a la noche; es decir que el individuo estaba atento en todo momento a aprovechar cualquier oportunidad de perjudicar a otro (aún a su propia familia) y sacar provecho de ello para así sentirse satisfecho y mantener a flote su pobre autoestima. Digno de utilizar este caso para escribir un tratado psicológico de atrofia emocional, pero tal vez más digno de lástima que de repulsión.

Cuando en su momento fui comprendiendo cómo se aprovechaba de mí, primero sentí indignación por descubrirme traicionado y sentí de reaccionar contra él, que decía ser mi amigo pero en realidad era un parásito de mi buena voluntad, pero luego me di cuenta de que yo era libre de dejarlo ir, en cambio él era esclavo de su propia mentalidad atrofiada.

Obviamente, al distanciarnos fue él quien más perdió siendo que la vida le ofreció la oportunidad de comprender, cambiar y sentirse mejor al vivir mejor. Este comentario tiene que ver con la conclusión que hago en el artículo y sólo por eso lo menciono.

Si nos remontamos al verdadero origen del ser humano, podremos encontrar pruebas de que ha sido manipulado genéticamente a posteriori por diversas otras especies inteligentes mucho más evolucionadas a fin de lograr tener en el humano un elemento útil como esclavo que resultara aprovechable para sus fines particulares.

Si bien, originalmente fue creado por intenciones de amor, no faltó oportunidad para otras especies perversas que se dedicaron (y hoy mismo se están dedicando) a modificar sus valores introduciéndole parámetros de maldad e inconciencia espiritual con el fin de servirse de su existencia como esclavo inconciente.

También, el ser humano es aprovechado como fuente de alimento, tanto físico como generador de energía emocional aprovechable, pero sirviendo de alimento de una o de otra forma tal como hacen aquellos que en su granja “cultivan” pollos (al decir de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela) y crían animales que luego serán sacrificados para posterior consumo humano.

Por supuesto que esta actividad no parece molestar a ningún otro ser humano, a quien le parece muy natural y para nada condenable disfrutar de un asado alimentándose con la carne muerta de otro ser a quien se le quitó la vida sin la menor compasión. Así muchos ET utilizan al humano, con la misma indiferencia, salvo que no se molestan en cocinarlo.

Repito entonces, eso es exactamente lo que ciertas especies ET hacen con ejemplares humanos, sometiéndolos a experimentos genéticos o sirviéndose de la sangre, el suero y ciertas glándulas que extraen de hombres, mujeres y niños. Y ante nuestro horror, a ellos no les parece nada antinatural o condenable, por supuesto, aunque a nosotros sí porque ahora sí nos ubicamos en el lugar de víctimas.

Pero tampoco le parece condenable a la mayoría de las personas, que se experimente con animales, que se los cace por deporte o que se los utilice como alimento. Aquí cabe el viejo dicho: “el muerto se asusta del degollado”.

Entonces ya podemos ver que la semilla de la maldad no ha sido adquirida por el humano en su evolución natural, ni ha sido debida a generación espontánea sino que se ha incorporado en él como parte de su ADN modificado por otras especies distintas de la especie que lo creó.

Estas especies, a su vez, contienen este gen de maldad que sólo puede modificarse humanamente mediante la generación de conciencia; no podemos desprendernos de esa maldad adquirida sino tomando debida conciencia de aquello que estamos haciendo fuera de lugar, apelando a parámetros de pureza y de sana evolución. Eso podemos lograrlo vigilando nuestro proceder, nuestro pensamiento y nuestra expresión a cada paso, atentos a modificarlo todo en el buen sentido.

Esto indica que no deberíamos sentirnos culpables por darnos cuenta de que hemos hecho algo fuera de lugar, sino que sí deberíamos sentirnos así cuando nos damos cuenta cabal que lo hemos hecho sin que se nos ocurra la mínima intención de corregirlo, incluso volviendo a repetirlo.

En conversaciones con mis Guías espirituales e interrogándolos sobre este respecto, desde el Otro Lado del Velo, Ellos dicen que las conductas humanas no son ni buenas ni malas, sino que Ellos las consideran sólo como “experiencias de aprendizaje en este plano” pero que valoran profundamente cuando el ser adquiere la conciencia necesaria y suficiente como para comprender la diferencia.

Y mayor es su satisfacción cuando se dispone firmemente a modificarla en función de haber localizado lo incorrecto, haciendo el discernimiento de lo que no debe hacerse.

Esto nos indicaría que si bien la maldad humana ha tenido origen en las modificaciones genéticas a las que estamos siendo permanentemente sometidos como especie, es nuestra responsabilidad localizar estos parámetros espúreos y eliminarlos de nuestra calidad humana.

Si no nos hacemos cargo de localizarlos o si una vez localizados, no nos disponemos a modificarlos voluntariamente, nos estamos dejando ir en el sentido en el que se nos quiere dirigir como rebaño hacia el matadero, o sea, que los más perjudicados son aquellos que niegan su semilla interna de maldad, sembrada o inherente, ya que muchos seres humanos híbridos traen ya genéticamente esta característica debida a la genética de sus diversos “padres” cósmicos.

Recuerdo hoy mi sorpresa y mi rechazo cuando hace muchos años alguien me mencionara que había dentro de mí una parte oscura; reaccioné horrorizado ante esas palabras porque por supuesto, en ese entonces yo me consideraba un puro y luminoso angelito.

No puedo evitar hoy reírme de mi reacción en ese momento debido a mi ignorancia, y tampoco puedo dejar de agradecer a quien me regalara semejante consideración sobre mi persona, porque luego de mi consternación inicial comencé a vigilarme y comprobé que en realidad no era ningún angelito y que debía corregir muchas cosas equivocadas de las que no había tenido conciencia que estaba haciendo.

Cuando se hace referencia a “los ángeles caídos” puede estarse nombrando a las especies que se degeneraron de su Origen de Luz perdiendo la conciencia de lo que es ética y legítimamente correcto, y de lo que no lo es. El término “ángeles caídos” resulta discutible porque hay quienes afirman que justamente ellos fueron quienes se rebelaron contra la intención abierta de convertirnos en bestias de carga a pesar de las cualidades intrínsecas que se introdujeron en nuestro ADN.

Al igual que el mito de Prometeo, que ofreció el conocimiento sobre el fuego a los mortales ofendiendo así a los dioses, ellos fueron castigados por beneficiar con conocimientos nuevos al ser humano. Estas Conciencias más elevadas comprendieron la potencialidad del ser humano e intentaron educarlo en el sentido de una sana evolución, pero justamente eso contradecía los intereses de quienes nos necesitaban como ganado a quien parasitar y dominar, por lo que fueron expulsados del grupo dominador.

Estas especies no son humanas y son los primitivos colonizadores de este planeta, entre los que se encuentran los Reptilianos, los Grises y los Insectoides, siendo éstos últimos los más perversos debido a su absoluta inconsciencia, carencia de compasión y sentido de lo que nosotros llamaríamos como “humanidad” . Ellos han infectado al ser humano con sus genes atrofiados a fin de convertirlo en un ser que permanentemente busca su autodestrucción y su descenso espiritual, porque de este modo resulta más fácil de parasitar.

Más allá que considerar la existencia de un supuesto “Infierno” donde se encarcelan a aquellas almas perversas y que han gozado con la maldad en su existencia terrenal, nos sería más provechoso dejar de creer en los cuentitos religiosos y en las fantasías paradisíacas e infernales, y ponernos en marcha hacia la liberación y la recuperación de nuestra verdadera Esencia primigénica. Hacia recordar nuestro Origen de Luz y ponernos de cara hacia retornar a esos principios sanos y evolutivos.

La mayoría de las especies ET que intervienen en este planeta carecen de Conciencia Cósmica a pesar de su evolución tecnológica y han perdido el rastro de su Origen, y funcionan como hormigas en pos del bienestar y supervivencia de su especie únicamente. Por eso buscan obtener beneficio a cualquier costa de los comportamientos errados de los seres humanos; el propósito es servirse de las personas como ganado y como esclavos que sean obedientes, y para ello cuanto más miedo tengan y más ignorantes sean, mejor.

Muchas de las 4.000 religiones distintas que hay en el mundo, colaboran fielmente a ello, cuando insisten en que seamos “hombres temerosos de Dios” pero que nunca cometamos la herejía de preguntar QUIÉN ES ESE FAMOSO DIOS que pretende obtener temor de las personas en lugar de amor por ser sus hijos.

De ningún modo podría yo amar y respetar a un Dios que pretendiera hacerme sentir temor mientras se oculta entre el misterio y la oscuridad; ésas justamente son las detestables tácticas demoníacas. Por algo Jesús mencionó: “por sus frutos los conocerás”, y si observamos, sus frutos no son nada benignos para la especie humana.

Existen también elementos decididamente negativos y perdidos en su oscuridad, negados a la adquisición de Conciencia Cósmica, llamados Arcontes, que interaccionan entre la 3ra y la 4ta dimensión a fin de parasitarnos y alimentarse de la energía emitida en esos momentos cuando experimentamos emociones negativas tales como la ira, el miedo, la lujuria, la envidia, etc.

Todos estos patéticos seres mencionados, que pretenden dominarnos por tener mayor poder y conocimientos que los seres humanos, han caído irremediablemente en la perversión, que no es otra cosa que priviligiar el razonamiento por encima de los sentimientos, el desarrollo tecnológico por encima de la conciencia, lo estrictamente beneficioso a sus integrantes por sobre la compasión y la empatía con el contenido sano que podamos tener los seres humanos.

Dado que estas características fueron también adquiridas por el Hombre posteriormente como deformación de su Esencia Original, naturalmente están destinadas a ser descartadas cuando llegue su momento, por ser aberraciones apegadas e incoherentes con la Semilla de Luz de la que han partido. Este concepto convierte a estas especies parásitas en seres irrecuperables y obligadamente escoria prescindible dentro de los Parámetros del orden Universal.

Entonces la pregunta que cabe es: ¿Por qué aún existen? Porque son parte del Experimento concentrado en la Matrix donde se pone a prueba la verdadera esencia del ser humano, y sus manifestaciones permiten que el ser humano progresivamente tome conciencia o no, del Camino correcto al encontrarse frente a frente con estas expresiones espúreas y deformadas. Y elija su camino, en consecuencia, mostrando su calidad humana, que será rescatable o no.

¿Cómo podemos liberarnos de este sistema de encarcelamiento y corrupción? No es por la acción física ni por la reacción mental, es simplemente por el estímulo espiritual hacia vibrar en frecuencias más elevadas que gradualmente nos lleven a alejarnos y ponernos fuera del alcance de estas criaturas enfermas, humanas y no humanas, que la vida nos pone enfrente permanentemente. Están allí, aunque no podamos distinguirlos en principio; solamente puede alejarlos el brillo de nuestra pureza en cuanto a nuestras expresiones, pensamientos y acciones.

Muchas personas notan que a aquellos que pactan con estas fuerzas negativas, aparentemente “les va mejor” en la vida y se preguntan cómo puede ser que se premie la mala conducta; estas personas se olvidan que habitamos por el momento en un plano de materia, y que este plano de 3D es terreno privativo de las fuerzas oscuras. Si este mundo no fuera posesión de la Oscuridad… ¿Cómo podría haber ofrecido el Innombrable al Maestro Jesús en el desierto, su proposición de “únete a mí y todo esto será tuyo”?

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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