¿PUEDE HALLÁRSELE ALGÚN SENTIDO A LA MUERTE DE UN NIÑO?

Estamos acostumbrados a que a cierta edad mayor, es natural que las personas dejen este plano. Eso lo vemos como normal porque la vida humana tiene un límite más o menos conocido y aceptado. También entendemos que durante su vida cada persona enfrenta situaciones que le dejarán aprendizajes necesarios para su evolución, los que darán sentido a su vida, es decir se deduce de este modo, que vivimos para crecer, para evolucionar como seres universales.

Pero eso nos lleva a preguntamos: ¿Qué sentido tiene entonces que un niño o un joven abandone este plano cuando apenas ha comenzado a transitar la experiencia de la vida, y cuando son muy pocas las vivencias y aprendizajes que nosotros consideramos que ha podido adquirir?

En este preciso momento en que estoy escribiendo este artículo estoy en las Termas de Copahue y me encuentro emocionalmente muy movilizado por la desaparición reciente de una niña en las aguas profundas del lago Caviahue, a unos 17 km de aquí.

Hace pocos días su cuerpito fue atrapado por las arenas de la costa en un terreno inestable y ella se deslizó por la pendiente, hacia abajo, llevada por las corrientes internas hacia el fondo del lago; aún su cuerpo no ha sido encontrado y según la tirada de Tarot solicitada por un amigo de la familia, muestra que se halla semienterrado y cubierto de forma que es muy difícil que sea hallado.

No hay palabras que puedan consolar a un padre/madre de la desaparición de un hijo, pero al menos quisiera explicar el sentido que esto tiene a pesar de que en este mundo material en que vivimos, se hace difícil aceptar la versión que cuando un cuerpo desaparece, hay un alma que se desprende en forma independiente y esta alma hace lo imposible por contener a sus dolientes a fin de consolarlos y que sufran lo menos posible, antes de partir definitivamente hacia integrarse con su Tribu Energética desde la que partió.

Muchas personas se preguntan: “Entonces, ¿para qué vino a este plano si tan pronto se tenía que ir?” Otros, viéndolo desde su punto de vista, piensan que tal vez hubiera sido mejor que no viniera a este mundo porque el resultado final ha sido doloroso para todos. Hay quienes, debido a sus creencias, alzan su vista al cielo y preguntan: “Dios, ¿cómo permitiste que se fuera tan temprano, si apenas estaba comenzando a vivir?”.

Inevitablemente surgen preguntas que a veces alguien intenta contestarlas de forma de consolar a quienes han sufrido la pérdida, como al decir por ejemplo: “Dios la llamó a su lado”. Otros prefieren pensar que el niño o la niña eran aún un angelito inocente, y no quisieron seguir compartiendo este plano de sufrimientos. Cada uno tiene prevista su idea personal sobre el asunto.

Pero en realidad, habiendo tenido yo una hija recién nacida luchando entre la vida y la muerte, desde ese entonces me vi impulsado a investigar el tema en profundidad, porque no me bastaban las ideas convencionales ya que sabía internamente que algo tenía que dar un sentido a esa experiencia tan difícil.

Hoy mi hija tiene ya 34 años, y yo agrego a esa fortuna, que ya tengo mi respuesta después de muchos años de investigación y estudio, la que quiero compartir porque puede ser de utilidad para otros.

Todas las almas cuando nacen, se desprenden de un Cúmulo Energético de determinada vibración o Esencia, tal como salta una chispita desde la llama de un fuego. Aunque no se lo considere de esta forma, el momento del nacimiento (encarnación) es una prueba muy difícil para el alma, tal vez mucho más difícil que desprenderse del cuerpo cuando muere y regresa feliz a los brazos del Cúmulo que la vio partir.

Morir en este plano, significaría algo así como renacer en el otro plano, y viceversa. Pero no es totalmente así, en forma cuantitativa. No todo se va de Allá para venir aquí, ni todo se va inmediatamente de aquí para regresar Allá. Cuando el alma encarna en esta tierra, solamente lo hace parcialmente; nunca todo su Yo deja de pertenecer a su Tribu Energética y entonces proyecta hacia aquí sólo una parte mínima de conciencia, la necesaria para asumir lo que se llama “personalidad” y adquirir aprendizajes terrenos.

Sería como decir que desprende hacia este plano una fracción energética que pasa a integrar momentáneamente la dimensión terrena, mientras que el núcleo vital del alma se mantiene formando parte del Cúmulo del que ha partido.

A fin de adquirir experiencias materiales, esa parte del alma necesariamente debe encarnar, es decir, habitar un cuerpito material gestado por su madre.

Ese cuerpito es un envase temporal, así como nosotros consideramos que para salir a la calle debemos vestirnos, o como un astronauta sabe que para poder sobrevivir en el espacio necesita de su traje espacial, o un buzo se protege con su traje a presión a fin de soportar el descenso en el agua.

No siempre el astronauta o el buzo permanecerán en su traje, puesto que necesitan realizar otras tareas aparte en su vida diaria. Lo mismo ocurre con el alma; no puede permanecer para siempre en su “traje humano” porque se vería seriamente limitada en su desarrollo y aprendizaje.

El astronauta cuando abandona su traje pasa a ser una persona común que “ha muerto” como astronauta. Lo mismo sucede con el buzo, y algo similar cuando el alma del humano se reintegra a su Origen, en cuyo caso se lleva consigo las experiencias vividas en este plano así como la persona “astronauta” lleva consigo experiencias que muy pocos otros seres humanos pueden llegar a conocer.

Pero en este caso en que se considera que quien parte es un niño, ¿Cuál es el sentido de que solamente haya vivido en este plano durante algunos meses o algunos años? El tema debe ser analizado más profundamente y se deben contemplar otras variables que comúnmente se pasan por alto.

Todos conocemos que una persona no está formada solamente por su cuerpo físico sino que también posee un alma. Sabemos que el cuerpo visible tiene una sola expresión material que asimila experiencias materiales (frío, calor, cansancio, dolor, etc.) pero no todos contemplan que el alma tiene distintas expresiones vibratorias y diferentes estados de conciencia, tal como vemos en un solo arcoiris la imagen de siete colores fusionados de forma tal que es impreciso delimitar dónde termina cada uno y dónde comienza el otro, pero todos juntos integran el arco iris.

Así, distintas vibraciones del alma participan de distintas experiencias simultáneas, muchas de las cuales no suelen ser conocidas porque no tenemos forma de “medirlas físicamente” y para muchas personas, sobre todo los científicos, lo que no puede ser medido deciden que es mejor considerarlo como que no existe, simplemente negándolo, o pensar que se trata nada más que de una distorsión de algo que sí puede ser medido, y entonces, si puede ser cuantificado para su ciencia SÍ EXISTE.

Pero en tal caso sólo tiene validez como “irregularidad, anomalía, discontinuidad o estado alterado” de algo que ya el ser humano se ha encargado de calificar. Otras personas manifiestan, como Tomás “el recalcitrante” (Juan 20:25) cuando se refiere a la resurrección de Jesús: “Si no lo veo, no lo creo” lo que sugiere algo similar a la hipócrita mentalidad social de hoy que parece decir: “mejor si no lo veo, pero si lo veo, que no me duela; y si me duele, que no me importe. Pero si me importa, que no me afecte, y si me afecta, entonces que no se note”.

Pues bien, en el caso del alma no es así, no viene a “cerrar los ojos” sino a abrirlos porque el alma sólo busca abrir su conciencia a la realidad ya que de esa realidad es que aprende, aunque la limitada luz de su cerebro pretenda negarle la experiencia.

Como ejemplo, podríamos considerar al alma como un árbol con infinidad de ramas y de hojas, y cada una de ellas mediante su percepción transmitiendo consciencia al resto del árbol; si arrancamos una de sus hojas estremeceremos a todo el árbol, aunque no lo sepamos, aunque no lo creamos, aunque no lo querramos ver, pero ESTO SI ESTÁ MEDIDO en cuanto al cambio instantáneo en la conductividad natural de la savia del árbol y por lo tanto, esto es conocimiento fehaciente, concreto y científico, sin asidero para ninguna discusión.

Entonces el alma, sea la de un niño o la de un adulto (es la misma cualidad de alma) tiene múltiples canales de transmisión de información. Que no la veamos o que no hayamos todavía evolucionado a la inteligencia necesaria como para construir un instrumento que lo mida, es otra cosa; no quiere decir que no exista, salvo para la escasa mentalidad de Tomás el apóstol.

El alma, cualquiera sea la edad del cuerpo que la aloja, intercambia información con otras almas en forma permanente, estando el cuerpo despierto o dormido, conciente o inconsciente, y lo hace participando conceptos de aprendizaje a través de distintos canales vibratorios inconscientes. Esto podría asimilarse como que el alma “habla en distintos idiomas” (como los distintos colores del arco-iris) con las otras almas y se transmiten entre sí la esencia de las experiencias que han vivido.

Entonces ¿cómo puede asegurarse que un niño que haya vivido sólo algunos años no haya asimilado suficientes experiencias terrenales sin duda mucho más variadas de las que sus cercanos consideran que ha vivido?

El alma, por el sólo hecho de haberse manifestado en este plano ya ha asimilado experiencias terrenales, y es por eso que antes de nacer ha celebrado un acuerdo con las porciones no terrenales de las almas de sus padres (aunque la conciencia material de los padres lo ignoren) sobre el instante en que deberá ser gestado su cuerpito a fin de que le sea de utilidad para sus aprendizajes programados.

Entonces, debido a lo ya explicado, ninguna Carta Natal ayudará a pronosticar los sucesos en el futuro del nativo sino que solamente expresará las condiciones en que esa alma acaba de encarnar y las “materias a aprender” de su Proyecto de Vida “futuro”, sus aprendizajes a llevar a cabo y las oportunidades que encontrará en su camino.

La Natal es un diagrama detallado de las situaciones y experiencias programadas a vivir por el alma en esta encarnación y contiene vestigios ciertos de situaciones ya aprendidas por esa alma en sus vidas anteriores y de su trayectoria astral hasta el presente.

Así, una madre será amorosamente inducida por el alma de su futuro bebé emplazada a su lado a fin de que dé forma a su cuerpito de la manera requerida y apropiada; esto debería servir también para liberar de sentimiento de culpa a una madre que ha gestado a una criatura con problemas de salud, con deformidades, con Síndrome de Down, etc.

La madre ha acordado servir de esa forma precisa a su futuro hijo y ha cumplido las exactas instrucciones que el alma del bebé en gestación le ha ido suministrando por sutiles canales informativos, para que luego le sean útiles a su futuro Plan de Vida, ya sea tanto del niño como de la madre, seres que permanecerán inevitablemente conectados mientras dure la encarnación.

De allí la sagrada conexión que desde antes de la gestación se ha establecido entre la mujer y su niño, virtud exclusiva del género femenino que debería ser honrada respetuosamente por el hombre pero también respetada y preservada del mismo modo por la mujer, que nunca debería olvidar que su primordial función es sintonizarse con la vida y negarse a la violencia de cualquier clase, simplemente porque no es digna de su calidad, porque no ha sido creada para eso.

Sin embargo, la mujer no tiene clara conciencia de su privilegio único e intenta competir con el hombre, sin comprender que sentirse a la par o por encima de él, no le convierten en mejor persona, porque no es eso lo que le hace falta experimentar como mujer. El misterio que encierra el ser que ha encarnado como mujer nunca podría ser comprendido por el hombre; se trata de un mecanismo tan sublime que él no tiene manera de cómo asimilarlo.

En resumen, entonces, el alma está aprendiendo desde la gestación, aún antes de nacer porque ya está en contacto directo con la vida cotidiana de humanos encarnados. Seguirá así aprendiendo hasta que abandone definitivamente este plano.

Digo “definitivamente” porque el alma, o digamos con precisión una parte conciente de ella, aún ya desprendida de su cuerpo físico, permanecerá cercana a lo material durante cierto tiempo y abrazará amorosamente para consolar a quienes fueron sus padres y sus familiares, y a todos lo que están sufriendo su partida.

El alma de quien ha partido buscará tranquilizarlos para que recuperen la paz y el consuelo, para que acepten este mecanismo que a los encarnados nos cuesta tanto resignar, porque cuanto antes éstos recuperen su normalidad, antes esa alma podrá definitivamente dejar este plano, incorporarse plenamente a sus Orígenes, abrazarse a sus Hermanos Cósmicos y vibrar en la plena felicidad y amor que encontrará en su caluroso recibimiento, entre los “brazos energéticos” de su Tribu.

Esto lo comprendo claramente porque lo he experimentado en forma personal, trasladando mi conciencia, haciendo regresiones hipnóticas a distintos momentos de mi vida en este plano; por ejemplo, durante la gestación hasta el preciso instante de mi nacimiento, pudiendo “sentir” e interpretar claramente lo que vivía en la panza y además comprender lo que experimentaban mis padres en ese preciso momento, o sea, que mi alma, aún antes de nacer y luego siendo recién nacido, estaba en contacto con sus almas y sus emociones. Esto fue ratificado al analizar yo sus propios dichos muchos años después.

Bien, pero aún resta explicar una parte del proceso de este mecanismo de reencarnación, para comprender el hecho del fallecimiento de un niño. No podemos nacer cuando simplemente se nos ocurra, del mismo modo que no podemos llegar a una terminal de aeropuerto cuando se nos antoje y pretender tomar un avión y exigir que parta enseguida.

Hay vuelos programados según cada destino porque debe cumplirse según la organización del aeropuerto; deberemos esperar a que se disponga el avión adecuado que nos llevará según una ruta pre-establecida a nuestro lugar de destino, cuya llegada al mismo estará programada a una cierta hora de aterrizaje.

De la misma forma, hay “momentos programados” apropiados según corrientes energéticas favorables de acuerdo con los tipos de aprendizajes solicitados por esa alma en cuestión; el alma no puede reencarnar cuando lo desea sino que debe respetar esas corrientes energéticas, lo que en este plano llamaríamos “tiempos” u “oportunidades”.

Tal vez en su Plan de Vida deberá participar de una guerra, o por el contrario, permanecer a salvo de ella y aprender otra clase de experiencia, por lo cual el tipo de vivencia estará determinado por el momento del nacimiento.

Por lo tanto, cada una de esas “chispitas” que parten del Origen, eso que nosotros llamamos “el alma”, deberá insertarse en la Tierra cumpliendo la misma función que un engranaje en un reloj: con un diámetro y espesor determinados, con cierta cantidad de dientes, a una velocidad programada, etc. a fin de encontrar las condiciones apropiadas en el escenario terrenal y en los tiempos correctos, para poder vincularse en forma acorde con los demás engranajes y conseguir interpretar su obra teatral desarrollándola de tal modo de lograr el aplauso de sus “compañeros espectadores” que la observan fascinados desde “el otro lado del Velo”.

Como ejemplo, tal como me ha sucedido en forma personal entre encarnaciones, mi alma también se ha encontrado con espacios en blanco (tiempos “entre un vuelo y el siguiente”) entre una encarnación y la siguiente necesaria para cumplir mi propio Plan o Proyecto de Vida actual con la mejor efectividad, es decir, ciertos “tiempos terrenos de espera vacíos” que transcurren entre una encarnación y la siguiente.

También era necesario esperar para poder reunirme con las personas adecuadas que me ayudarían en mi obra de ese momento sobre este escenario de hoy, y esos espacios hacían que mi alma debiera transcurrir una cierta cantidad de años en suspenso “entre vuelos” sin poder estar aquí en el plano terrenal.

Años que yo no estaba dispuesto a desperdiciar, porque si hay algo ansiado allá “detrás del Velo”, en la otra Dimensión, es encarnar y experimentar los aprendizajes terrenales, y los “tiempos” sólo se demoran en aquellos períodos obligatoriamente necesarios para la compensación y la relajación del alma, sanando las consecuencias de las intensas vivencias terrenales anteriores para reponerse y enfrentar “otra misión” terrena con las mejores probabilidades de cumplirla.

Entonces, por ejemplo en mi caso, debiendo esperar a nacer en el año 1949, acordé nacer como Agustín, mientras tanto previamente en el año 1917 (mientras que mi padre material en esta vida actual nació en el 1918) en Francia casi al finalizar la Primera Guerra Mundial para servir a la Marina Francesa a los 18 años.

Y terminar mi encarnación a los 20, en un buque de guerra francés, justo a tiempo para cumplir en el otro plano dimensional el tiempo de recuperación suspendida necesaria durante el período adecuado, y volver a nacer entonces en esta vida actual, en el año 1949, en el tiempo y la forma más apropiadas para llevar a cabo esta presente encarnación.

¿Pena por haber desencarnado tan joven, o alegría por haber vivido la experiencia de conocer a mi madre y a mi hermano menor franceses (mi padre de entonces murió en la guerra), a quienes recuerdo claramente despidiéndome parados en el muelle, por última vez?

Cierro los ojos y puedo ver a mi madre de ese entonces, con su cuerpo regordete, tomando en su mano derecha a mi hermanito cuyo nombre recordé desde niño en esta encarnación, Philipe, lo que fue luego ratificado por mis Guías Espirituales. Lamenté dejarlos pero así era lo que se vivía en aquellos tiempos en este plano, no lo que se quería sino lo que se podía.

Debe quedar en claro entonces que muchas veces las almas deciden “rellenar espacios” entre encarnaciones importantes para el crecimiento, y por eso, tras una breve estadía parten jóvenes dejando atrás una limitada vida terrenal, pero satisfechas y con alegría por anticipar una próxima encarnación más completa, llena de aventuras, oportunidades y aprendizajes.

Es ésta una descripción de los mecanismos de amor que contienen las tramas de la vida. Por eso, justamente, las pruebas a las que nos vemos sometidos no deben ser tomadas como “problemas” sino como “aventuras”, igualmente las “crisis” a las que nos enfrentamos no son otra cosa que “oportunidades” y los “dramas” que nos suceden, en realidad representan valiosos “aprendizajes”.

Sólo si lo pensamos de esta forma podremos aceptar y comprender el sentido amoroso que tiene la vida en este plano y también, del mismo modo, la inesperada muerte de un niño.

Entonces sí puede comprenderse la decisión, el valor y la alegría que los Arcanos de esa tirada describieron que ocurrió durante el desprendimiento del alma de esta pequeña mientras su cuerpito material descendía inerte al fondo del lago Caviahue.

Ofrezco mi más profundo respeto, mi aplauso y mi admiración al valor de su alma y a su experiencia; estuve sometido a un incomprensible estado de confusión y dolor en esos días, lo que no comprendí hasta llegar de vuelta a casa y al hacer su Carta Natal, cuando comprobé que se debía a que pertenecíamos sin habernos conocido en este plano, a la misma Tribu Energética y que habíamos estado vinculados en otras vidas.

Por eso es que en todo momento he sentido cierta inspiración para escribir este artículo a fin de que ayudara a la comprensión para aliviar el dolor de los que quedan, así como el de otros eventuales lectores que hayan pasado por situaciones similares.

Si bien, es cierto que muchas veces no podemos evitar sufrir cuando no comprendemos el real sentido de la vida y de la muerte, sobre todo cuando nos preguntamos… si tiene algún sentido la muerte de un niño.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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