LA TRAGEDIA SILENCIOSA

Relacionado con el artículo anterior, llamado LA DECADENCIA GRADUAL, me referiré ahora a un aspecto muy importante para el presente y el futuro de nuestra manifestación como humanidad sobre este planeta. El título “LA TRAGEDIA SILENCIOSA” significa una mirada atenta sobre uno de los puntos claves mencionados anteriormente y señala una contribución personal que podemos hacer como adultos frente a la decadencia mencionada en el otro artículo; para ello haré referencia a ciertos escritos y comentarios publicados por el Dr. Ovidio, Neurólogo Pediatra, y el Dr. Luis Rojas Marcos, Psiquiatra.

Ellos alertan sobre una tragedia silenciosa que se está desarrollando actualmente en nuestros hogares, y está relacionada con el futuro de la Humanidad: los menores, nuestros hijos, si los tenemos de esa edad. Si no los tenemos, en otras civilizaciones más avanzadas que la humana, los niños son los hijos de todos, y así debería llegar a ser en la nuestra. Los niños, en general están desarrollándose en un estado emocional alterado con vistas a empeorar a medida que pasa el tiempo.

Los menores están incorporando conflictos que los afectan gravemente dado que la niñez es la etapa en la que se forman los parámetros que regirán su vida en el futuro hasta que sean capaces (o no) de darle forma a los suyos propios. Necesitan la guía de sus mayores, con amor pero con firmeza, a fin de que sean adultos productivos para sí mismos y su entorno, y sean capaces de resolver los problemas que se crucen en sus vidas, con naturalidad y eficiencia.

Sin embargo, la realidad actual no muestra ser tan auspiciosa. Los niños están creciendo deformados, sobre todo, emocionalmente, y aquellos terceros que sepan cómo utilizar sus emociones (los mismos que hoy las están deformando por medio de la TV e Internet) podrán más tarde manejarlos fácilmente a su antojo y conveniencia; si se observa, los niños en general muestran estar mal orientados y eso les provoca disfunciones no sólo emocionales sino mentales, a veces muy graves. Eso se evidencia desde su comportamiento rebelde y conflictivo, o por el contrario, reservado y miedoso con tendencia a aislarse.

Hace poco justamente estaba viendo la película “El Cambio”, donde el psicólogo norteamericano Wayne Dyer explicaba el proceso interior que se produce en la persona en tal caso. Pero hubo dos escenas que me resultaron discordantes y encendieron mis alarmas. La primera es cuando uno de los niños, sin tener familiaridad con él, de pronto rocía a W.D. con su pistola de agua, mojando su camisa. La madre de inmediato reacciona llamándole la atención a su hijo, pero me sorprendió que W.D. en tal caso solamente sonriera diciendo que sólo era agua.

Una sonrisa es un signo de aceptación, a veces forzada; en cambio, una mirada seria sin ser severa, indicaría al niño que lo que acaba de hacer no es bienvenido en lugar de mostrarle agrado por su travesura. Alguien diría: “Bueno, es sólo un niño”, pero justamente, por ser un niño, debemos ser responsables y mostrarle que no debería volver a hacer eso en el futuro. Los niños son intérpretes fantásticos de nuestras expresiones, más que de nuestras palabras, y dependiendo de nuestra actitud, ellos saben detectar las diferencias. Me extrañó que W. Dyer mostrara una falsa actitud de agrado o al menos, de permisividad, en tal caso.

Esta contradicción me pareció como parte de lo negativo de todo lo que no le estamos enseñando a los niños, y más aún, estamos auspiciando: que no mantengan cierto límite o grado de consideración con los adultos y respeten que ambos no estamos en el mismo nivel. Y peor aún, estar quitándole autoridad a lo que su madre les enseña.

Justamente en su excelente tratado sobre las relaciones entre humanos (Análisis Transaccional), W. Dyer define como un tipo de Transacción Cruzada cuando una parte se ubica erróneamente como niño y la otra como adulto, lo que por supuesto termina mal; los niveles de energía en juego son muy distintos y es eso lo que lleva al conflicto. En este caso mencionado, el niño colocó su nivel por encima del adulto, y eso conduce al error.

La otra contradicción la vi cuando la madre llama a los niños a comer, a lo que éstos, entretenidos jugando, le responden que no tienen hambre. Entonces la madre lo repiensa y responde: “Bueno, entonces coman cuando tengan hambre”, como si esta reacción formara parte del cambio positivo que recomienda W.D. Allí, justamente en una película que busca favorecer lo correcto, vemos que a los niños se les consiente y se les cede el poder de que hagan lo que quieran cuando quieran, en lugar de ayudarlos a crear una cierta disciplina que será para su propio bien en el futuro.

Anoche repasaba una Lectura de Registros Akáshicos de hace unos 10 años atrás, donde mis Guías me recomiendan como camino a la evolución, lo siguiente: “Mantener Responsabilidad y DISCIPLINA” a los fines de obtener el pleno uso de mis facultades de poder personal. Si nos fijamos, hoy en día, muchos padres no sólo no muestran responsabilidad hacia sus niños sino que no les enseñan el poder de la Disciplina.

Agrego, además, que un disertador japonés en EEUU manifestó tiempo atrás que el secreto de su éxito como cultura no se debía a que eran más inteligentes, sino que la clave estaba en la disciplina que mantenían en sus actitudes frente a los eventos de la vida. Recordemos que Japón ha sido el único país del mundo que ha debido soportar DOS ataques nucleares; el primero, el del Enola Gay (el avión norteamericano) que arrojó sus bombas atómicas sobre ellos en los finales de la Segunda Guerra Mundial, y el segundo, el ataque sobre sus centrales nucleares en Fukushima en el 2011, causado por un terremoto provocado intencionalmente. Es decir, lo de Fukushima NO FUE UN ACCIDENTE, sino un ataque del globalismo debido a que en ese entonces Japón se negaba a entregar el oro de reservas negras de la corrupción. Luego de eso, Japón, tuvo que ceder a los requerimientos del globalismo.

Regresando a nuestro futuro (los niños), es así como se contribuye a que se generen estos conflictos que son indicados por las investigaciones de las dos últimas décadas y que han arrojado estadísticas cada vez más alarmantes sobre ciertos conflictos mentales/emocionales infantiles que en la actualidad están llegando a proporciones epidémicas:

Las estadísticas fríamente indican que:
• 1 de cada 5 niños tiene problemas de salud mental.
• Se ha notado un aumento del 43% en el TDAH.
• Se ha notado un aumento del 37% en la depresión adolescente.
• Se ha notado un aumento del 200% en la tasa de suicidios en niños de 10 a 14 años.

Esto señala claramente que las mentes infantiles no soportan la presión desordenada del mundo actual y buscan evadirse de algún modo simplemente porque no encuentran vías de escape que no sean reaccionar negativamente, muchas veces sumergiéndose en la droga, o en el suicidio. Algo grave está pasando provocado por los nefastos amos del mundo, y como todo conflicto, quien tiene mayor edad o jerarquía es quien tiene mayor responsabilidad de resolverlo. ¿Los padres están haciendo algo mal? Los resultados indican que sí.

En efecto, se ha creado una cultura errada sobre lo que se les debe brindar a los niños como elementos necesarios para un buen desarrollo. Los niños de hoy están siendo sobre-estimulados, sobre-regalados de objetos materiales y sobre-consentidos pero están privados de los fundamentos esenciales de una infancia sana, tales como:

Padres emocionalmente disponibles, abiertos a sus niños.
Limites claramente definidos, lo que incluye el concepto de Respeto.
Responsabilidades, y además, Disciplina.
Nutrición equilibrada y un sueño adecuado, hoy contaminados por los medios y los “jueguitos” que estimulan sus reacciones disfuncionales.
Movimiento en general pero especialmente al aire libre, restringidos por las malintencionadas “cuarentenas” y “restricciones” que ni los mismos que las imponen, no respetan, como ya todos sabemos.
Juego creativo, interacción social, oportunidades de juego no estructurados y espacios para el aburrimiento, que sistemáticamente son saboteados por las “clases virtuales” que impiden desarrollar el sentido de compañerismo y amistad, tan necesarios para cualquier niño.

Y allí debo hacer mi aporte personal: definir claramente lo que significa Disciplina, es decir, tomar compromiso y mantenerlo. Si lo vemos con una mirada abierta, la generación de “estos padres” no está preparada para hacer frente a las verdaderas necesidades de “estos nuevos niños”. Muchas veces los niños se rebelan porque perciben que quienes deben formarlos lo están haciendo mal y cuando deben someterse a una disciplina, no pueden sobrellevarla.

Tampoco esa generación previa en general no fue correctamente formada y han crecido un poco a la manera que pudieron, como hijos de otros padres muchos de los cuales no supieron interpretar el pulso de las nuevas generaciones y encauzarlo apropiadamente. Mal pueden ser adecuados instructores cuando a su vez no fueron apropiadamente instruídos. Las nuevas generaciones están llegando con nuevos potenciales astrológicos que sus padres raramente pueden comprender y estimular.

No siempre el dador comprende las necesidades del receptor (dar agua cuando tiene hambre y dar pan cuando tiene sed) y tal vez muchos padres les estén brindando a sus hijos lo que ellos no tuvieron y quisieron tener, o bien lo que ellos CREEN que el hijo necesita, por lo que están pasando por alto un tema muy importante.

Algo así como que muchos padres de hoy le están dando a sus hijos lo que ellos necesitaron cuando niños, o a veces, dejándose llevar por el lavado de cerebro a que nos someten los medios periodísticos, la publicidad y los medios sociales, y entonces, les otorgan un lugar para el que los menores no están preparados, así como no les brindan las oportunidades que los pequeños necesitan.

Conozco padres que les han dado cualquier cosa que pretendían sus hijos, y al yo observarlo y comentarles mi opinión me han respondido: “Si no se lo doy, no sabés cómo se pone, y luego de eso se enferma”. Hoy debido a circunstancias de la vida esos padres no pueden complacerlos y por lo tanto, los “niños”, ya adolescentes, los ignoran absolutamente, los desprecian y ahora los “enfermos” de dolor y abandono resultan ser esos mismos padres. Padres que no dieron a sus hijos lo que necesitaban y ahora, lógicamente, los hijos no les retribuyen con lo que esos padres hoy necesitan.

En general en los últimos años a los niños se les ha ofrecido sin medida ni control:

– Padres distraídos digitalmente que no se hacen cargo de brindar lo necesario a sus hijos.
– Padres indulgentes y permisivos que dejan que los niños “gobiernen el mundo (al menos, el hogar)” y sean ellos quienes pongan las reglas.
– Un falso sentido de derecho, de merecerlo todo sin ganárselo o ser responsable de obtenerlo.
– Sueño inadecuado y nutrición desequilibrada, cediendo ante los antojos de los niños.
– Un estilo de vida sedentario, frente a la TV, a la computadora o al celular.
– Estimulación sin fin, niñeras tecnológicas, gratificación instantánea y ausencia de momentos aburridos.

Los “momentos aburridos” son los que estimulan justamente la creatividad del niño hacia convertirlos en momentos de juegos por medio de los cuales aprenden a expresarse. Como cuando nosotros éramos niños y no disponíamos de estos estímulos nefastos del globalismo (los chupetes electrónicos), éramos capaces de inventar cómo jugar con un palo y un aro, un trompo, jugar a la bolita, a la escondida, es decir, disfrutar de la carencia y encontrar suscedáneos para reemplazarla.

Primero deberíamos educar a estos padres para que, a su vez, ellos puedan educar a sus hijos. Pero para ello es necesario que los padres cambien su mentalidad y su concepto de la realidad de sus niños y de la suya propia; no siempre lo antiguo es obsoleto y lo nuevo es valioso. Hay imbéciles que quieren cambiar la Constitución Argentina (a su favor) porque argumentan que es antigua; no existe mayor estupidez o nefasticidad dirigida que ésa.

Y no sé porqué se me viene a la mente que ciertos gobernantes adoctrinan a las mentes frágiles, de la misma forma, pero para volverlos dependientes y utilizarlos más tarde cuando necesiten su voto; y parece dar resultado, al menos eso es lo que puede verse en los noticieros y en la vida real. Cuanto más estupidizados estos seres se encuentren, más fáciles para ser dominados y controlados.

Por ejemplo, ¿Cuántos padres estarán de acuerdo con los siguientes preceptos y los pondrán en práctica? Primero los padres deberían comprender y mentalizarse, y recién luego ir poniendo en práctica LENTAMENTE los consejos siguientes en forma gradual para no generar reacciones adversas, que reitero, son aconsejados por especialistas con quienes coincido desde mi óptica de tantos años de consultorio y como padre de dos hijos.

Por ejemplo, AMBOS PADRES deben necesariamente estar de acuerdo sobre la educación del niño, y ser coherentes, vivan juntos o no, formando un núcleo monolítico para que el niño no distinga diferencias entre lo que permite papá y lo que permite mamá. Los menores son especialistas en detectar grietas o espacios de poder descuidados en papá o en mamá, y rápidamente se cuelan por esa brecha y se hacen del poder. Por supuesto son genios en darse cuenta cuando ambos padres no coinciden y no están actuando con la misma política hacia ellos.

Como primera medida los padres deberán capacitarse (hoy Internet es el gran maestro) sobre lo que significa Frustración, Responsabilidad, Disciplina, Resiliencia, Negociación, Seguridad Emocional. Como consejos, estos especialistas recomiendan:

– Establezca límites y recuerde que usted es el capitán del barco. Sus hijos se sentirán más seguros al saber que usted tiene el control del timón.
– Ofrezca a los niños un estilo de vida equilibrado lleno de lo que los niños NECESITAN, no sólo de lo que QUIEREN. No tenga miedo de decir “no” a sus hijos si lo que quieren no es lo que necesitan.
– Proporcione alimentos nutritivos y limite la comida chatarra.
– Pase (en la medida que pueda) por lo menos una hora al día al aire libre con ellos haciendo actividades naturales como: ciclismo, caminata, pesca, observación de aves / insectos.
– Disfrute de una cena familiar diaria sin teléfonos inteligentes o tecnología que los distraiga.
– Jueguen juegos de mesa como familia o si los niños son muy chiquitos para juegos de mesa, déjese llevar por sus intereses y permita que sean ellos quienes manden en el juego. Comparta sus intereses.
– Involucre a sus hijos en alguna tarea o quehacer del hogar de acuerdo a su edad (doblar la ropa, ordenar los juguetes, colgar la ropa, desembalar los víveres, poner la mesa, dar de comer al perro, etc.).
– Implemente una rutina de sueño consistente para asegurar que su hijo duerma lo suficiente. Los horarios serán aún más importantes para los niños de edad escolar.
– Enseñar responsabilidad e independencia. No los proteja en exceso contra toda frustración o toda equivocación. Equivocarse les ayudará a desarrollar resiliencia y aprenderán a superar los desafíos de la vida.
– No cargue la mochila de sus hijos, no lleve sus mochilas, no les lleve la tarea que se olvidaron, no les pele los plátanos ni les pele las naranjas si lo pueden hacer por sí solos (4-5 años). En vez de darles el pez, enséñeles a pescar.
– Enséñeles a esperar y a retrasar la gratificación. Y también a manejar las emociones relativas a la expectación.
– Proporcione oportunidades para el “aburrimiento”, ya que el aburrimiento es el momento en que la creatividad despierta. No se sienta responsable de mantener siempre a los niños entretenidos (no los vuelva estúpidos sedientos de que alguien se ocupe de ellos, porque favorece volverlos dependientes).
– No use la tecnología como una cura para el aburrimiento, ni lo ofrezca al primer segundo de inactividad.
– Evite el uso de la tecnología durante las comidas, en automóviles, restaurantes, centros comerciales. Utilice estos momentos como oportunidades para socializar entrenando así a los cerebros a saber funcionar cuando estén en modo: “aburrimiento”.
– Ayúdeles a crear un “frasco del aburrimiento” con ideas de actividades para cuando están aburridos.
– Esté emocionalmente disponible para conectarse con los niños y enseñarles auto-regulación y habilidades sociales.
– Apague los teléfonos por la noche cuando los niños tengan que ir a la cama para evitar la distracción digital.
– Conviértase en un regulador o entrenador emocional de sus hijos. Enséñeles a reconocer y a gestionar sus propias frustraciones e ira; de paso, este entrenamiento le regresará enseñándole como reflejo para que usted mismo aprenda a gestionar su propia frustración y enojo.
– Enséñeles a saludar, a tomar turnos, a compartir sin quedarse sin nada, a decir “gracias”, “permiso” y “por favor”, a reconocer el error y disculparse (no los obligue), sea modelo de todos esos valores que inculca.
– Conéctese emocionalmente – sonría, abrace, bese, cosquillee, lea, baile, salte, juegue o gatee con ellos.

Los niños son nuestro futuro, no lo olvide. De esta forma, usted como padre o como madre, ahora podrá estar seguro/segura de estar evitando a contribuir que se desencadene este gran error de la civilización actual, la tragedia silenciosa.

El Sendero del Ser. Bendiciones.

 

 

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