¿TE CONSIDERAS UNA PERSONA INTELIGENTE?

– ¡Qué barbaridad, Manolo… ! ¿Has visto cómo ha aumentado nuevamente la nafta?

– Pues hombre, yo he llegado a una decisión inteligente… ¡Que aumenten lo que ellos quieran! ¡Total yo siempre les cargo $300!

Respecto de la inteligencia los conceptos han ido cambiando a través de los años, y todo este proceso de nueva definición comenzó cuando la Electrónica puso en marcha dispositivos “inteligentes” capaces de tomar decisiones por sí mismos sin necesidad (por suerte) de que intervenga la decisión del hombre.

Hoy podremos encontrar como definición de “inteligencia” la siguiente: “Facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad”.

Si sólo prescindiéramos de “facultad de la mente” y la reemplazáramos por “facultad de un procesador”, hasta la computadora que hoy se encarga de todos los procesos necesarios para proteger y controlar un auto actual o una moto moderna, en la práctica resultaría ser inteligente.

Ella entiende la realidad de funcionamiento del motor, compara, toma decisiones y toma nota de lo sucedido, es decir, aprende. Y hasta sabe autodiagnosticarse y además, nos lo indica.

Normalmente, en esa función resultará ser mucho más inteligente que cualquiera de nosotros, con toda seguridad, ya que no estamos en condiciones de poder realizar los múltiples controles y verificaciones, cientos de veces por segundo y tomar las decisiones correctas para corregir las desviaciones o solucionar los problemas inherentes al sistema, tal como lo hace la computadora del auto.

Todo este pensamiento surgió porque estudiando una materia de la facultad, por un momento me he sentido inteligente al comprender que estaba dialogando con mi computadora en el idioma en que ella entiende las instrucciones del trabajo que yo quiero que haga por mí , aunque luego me di cuenta de mi incongruencia, porque en realidad, era yo quien estaba luchando por entenderla.

Pero por el momento no me estoy refiriendo a esa clase de inteligencia; de ella se encarga la Electrónica, y por suerte y por desgracia, cada día con mejores logros, lo que puede llevarlas a comprender que el problema del mundo son en realidad los seres humanos.

Mejor quisiera hacer hincapié en la inteligencia del ser humano. Para empezar, como antónimos de inteligente podremos encontrar innumerables palabras, entre ellas “tonto, estúpido, torpe, bruto, ignorante, atontado, obtuso, cerrado” y muchas otras más.

Vaya a saber por qué razón hay tantos antónimos de “inteligente” pero tan pocos sinónimos. Tomaremos la palabra más común e inofensiva: “tonto” para definir lo opuesto a “inteligente” ya que suena como la menos brusca.

Bien. Es curioso notar que muchas veces, como en mi caso recién mencionado, nos comportamos como “tontos” siendo que posiblemente en ese momento nos estemos considerando como “inteligentes”. No sólo observo que personalmente me pasa sino que también compruebo que les sucede a otras personas más.

Según la Ciencia, se ha definido un tal “Coeficiente intelectual C.I.” como el resultado de una cierta serie de tests que se emplean como indicadores o estimadores de la capacidad intelectual de una persona.

También actualmente se ha popularizado una medición denominada como “Factor G” que indica valores de esta capacidad. Cada día encontramos personas con mayor CI y sin embargo cada día el mundo funciona peor. Sin duda, algo anda mal con el ser humano, porque no parece ser lógico que una cosa lleve a la otra.

Por otra parte, la inteligencia no es lo mismo que el conocimiento, sino que se considera como una capacidad general que permite resolver problemas, razonar, planificar, pensar de modo abstracto, comprender ideas complejas y aprender de la experiencia.

Casi todo esto lo hace calladamente el microprocesador de cualquier circuito electrónico moderno, sin ir más lejos. O la computadora con la que estoy escribiendo, por ejemplo, que es capaz de remarcarme los errores que tontamente he dejado pasar; o sea, que a veces, en este sentido ella resulta ser “más inteligente” que yo.

Para probar, por ejemplo, sólo me referiré a una sola capacidad de la inteligencia; tomaré uno sólo de los conceptos ya mencionados en la definición: la capacidad de aprender de la experiencia.

Según este parámetro, hasta un perro, un gato o cualquier animal, es inteligente. Menos, por supuesto, el ser humano, ya que éste siempre tropieza varias veces con la misma piedra, y cuando vuelve a verla aparecer, además, es capaz de ponerse contento.

O sea que en ese sentido nosotros, la “especie dominante”, los “reyes de la Creación”, los que “nacimos para controlar al mundo” es común que nos comportemos con menor inteligencia que un gato callejero.

Eso se comprueba fácilmente en forma estadística e inequívoca: observando nuestra capacidad de elegir “líderes” que nos representen, que se hagan cargo de nuestras macro-decisiones y que estipulen y regulen cómo habremos de vivir.

Mientras tanto, habiendo cumplido ya con nuestra obligación de emitir nuestro voto, nosotros nos acurrucamos cerca del televisor a enterarnos de las últimas novedades sobre nuestra selección nacional y de las noticias sobre el mundial de fútbol, aunque en el fondo sabemos que sólo hemos enviado a otros “inteligentes” a competir que salvo algún acuerdo milagroso, no tienen la menor oportunidad de traernos una copa.

Y que todos esos gastos superfluos serán subvencionados por nuestro flaco bolsillo. Ah, pero Argentina estará presente en el Mundial de Fútbol, lo que sin duda, es un honor ante el mundo. Un Mundial de fútbol sin Argentina, no sería un mundial, estamos convencidos de ello; por supuesto que mirado desde estas pampas.

Aunque estoy tentado de utilizar el término “imbéciles” sólo utilizaré el calificativo “tontos”, que no suena tan fuerte. Cuando hay que votar, nosotros los tontos SIEMPRE elegimos al peor, o con suerte, al menos malo. Y así procedemos con nuestras vidas, simplemente sobreviviendo de la forma menos patética posible, aunque a veces ni lo logramos.

¿Cómo inteligentemente permitimos que nuestros “inteligentes líderes” decidan impunemente talar nuestros bosques, contaminar nuestro aire, nuestros cursos de agua, nuestra tierra, nuestros alimentos, hacernos la vida imposible con normas y decisiones irracionales y poner en riesgo seguro nuestras propias vidas? Porque somos tontos (casi escribo “imbéciles”) o al menos así es lo que demostramos ser.

La Universidad Nacional de La Plata acaba de encontrar que HASTA EL AIRE EN ESA ZONA CONTIENE GLIFOSATO, pero el fin de semana allí todo el mundo sale al campo a “respirar aire puro”.

O sea, que en definitiva, se muestra claramente que no nos comportamos como inteligentes. Ponemos al lobo a cuidar de nuestras ovejas y nos vamos tranquilos a dormir la siesta. Cuando nos levantamos se nos ocurre la idea genial de encargar al zorro que cuide de nuestro gallinero.

Y así, confiamos nuestra supervivencia a tantos “inteligentes” (pero con saco y corbata) que deciden por nosotros en contra de nosotros, y a otros lobos disfrazados de ovejas que se especializan en utilizar nuestras leyes en nuestra contra en lugar de nuestro beneficio, así como a verdaderos ladrones y estafadores para que se ocupen de manejar nuestro dinero, nuestra salud y nuestros sueldos.

Esto sucede aún siendo que no se necesita de mucha inteligencia para darnos cuenta, que separados somos más débiles (lo comprende cualquier manada de animales, e incluso hasta los peces), que la desgracia de nuestro entorno al final también terminará siendo nuestra desgracia, que comportarnos indebidamente sólo atraerá calamidades a nuestra vida aunque nadie nos vea hacer lo incorrecto, como cuando nos mandamos la “avivada criolla” de estacionar donde no corresponde o tirar la basura a la calle cuando creemos que nadie nos está mirando.

¿Somos los seres humanos en realidad inteligentes? Según la definición, ¿Somos capaces de comprender ideas complejas y ver claramente nuestra realidad? ¿Tomamos las decisiones más apropiadas en beneficio de la supervivencia de nuestra especie?

Sería muy sencillo volvernos inteligentes. Es algo que puede aprenderse, mejorarse y sublimarse. Sólo bastaría darnos cuenta con sólo copiar la elemental actitud de una hormiga que el bien general hace al bien de cada uno de nosotros, y que para que exista ese bien general del hormiguero, deberíamos procurar hacer el bien cada uno de nosotros, porque una sola manzana podrida sin duda será suficiente para arruinar al cajón entero.

Podríamos ser inteligentes si comprendiéramos que debemos cuidar de nuestra salud y de nuestra vida, así como de la salud y de la vida de los demás en la medida que vigilemos nuestro propio comportamiento.

También sería un rasgo de incipiente inteligencia intentar descubrir el mínimo porcentaje de verdad oculto tras varias capas de mentira que otros “inteligentes” le han echado encima para ocultarla.

Otra forma de asomarnos a ser inteligentes sería pensar que existen otras inteligencias: en las plantas, en los animales, en el orden del clima, en el equilibrio de la Naturaleza, en el espacio fuera de nuestro mundo, tanto en cada átomo que constituye nuestro cuerpo como en cada estrella que brilla en el infinito.

Es decir que simplemente sería posible cuidando de la salud de nuestro propio cuerpo, de la sanidad de nuestros pensamientos, del equilibrio de nuestras emociones, de la alegría de nuestras relaciones personales, teniendo en cuenta que la fuerza y la energía del mar simplemente resultan de la sumatoria del movimiento armonizado de cada ola.

Las olas del mar nunca se estrellan entre sí; entonces, ¿Por qué nos deleitamos en hacerlo contra nosotros mismos cuando nos enfermamos de odio, de envidia, de ira, de frustración o bien simplemente cuando no nos concentramos en entender quienes somos, para qué vivimos sobre este suelo y cuál es el propósito de nuestra existencia?

¿Con qué fin desatamos transacciones cruzadas y conflictos irracionales contra nuestros cercanos a cada rato en lugar de acariciarnos con atenciones, con palabras amistosas, de aliento, de afecto, de empatía y comprensión hacia los que pasan a nuestro lado?

En estos días casi se desata un conflicto internacional porque el seleccionado de Argentina no jugará un partido amistoso con Israel ya que tienen miedo que los palestinos se disgusten y se vuelvan nuestros enemigos. Ahora tenemos encima la mirada disgustada no sólo de los palestinos sino de los israelitas. ¿Por qué no jugaron un partido amistoso en Israel y luego otro en Palestina?

Todo esto hace cuestionar que la especie humana sea una especie inteligente. Que permita que un loco, o dos, o tres tengan la posibilidad de apretar un botón rojo y hacer desaparecer la superficie del planeta junto con todos sus habitantes, y que nosotros mismos les hayamos puesto en ese lugar y otorgado ese poder… eso no parece provenir de seres inteligentes.

Por eso a veces escucho que ingenuamente me preguntan: “Si es que hay seres inteligentes fuera de nuestra especie, allá en el espacio, o aquí mismo bajo tierra… ¿por qué no se comunican abiertamente con nosotros?” y entonces les respondo: “Justamente por eso, porque son inteligentes…”.

¿O acaso un día alguien se levantaría dispuesto a buscar por allí alguna víbora de cascabel y arropándola contra su cuerpo le recitaría poemas para que ella se ruborice y lo acaricie enamorada?

Citaré una vez más la definición más cercana que he encontrado de inteligencia: “Facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad”.

¿Aprendemos a no volver a equivocarnos? ¿Entendemos que formamos parte de un sistema que se autosustenta y que por lo tanto, todos somos importantes en él? ¿Razonamos que nuestra forma de vida tiende a terminar con el planeta sobre el que vivimos? ¿Tomamos las decisiones apropiadas al respecto para que toda esta barbarie se detenga? ¿Nos hemos formado una idea cabal de la realidad en que vivimos o solamente nos refugiamos en nuestro placard a convencernos sobre todo lo que nos dicen nuestras tres cajitas bobas adoradas, la TV, el celular y nuestra computadora?

Ahora vuelvo a la pregunta inicial que figura en el título de este artículo, y planteo: ¿Quién acepta hacerse cargo de responderse para sí mismo la pregunta: “¿Te consideras una persona inteligente?”

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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