LA BÚSQUEDA DE RECONOCIMIENTO

Cierta vez le preguntaron al Maestro hindú Satya Sai Baba:

– ¿Tú eres Dios? Y entonces, con una sonrisa, Sai Baba respondió:

– Sí, lo soy. Pero usted también lo es. La diferencia entre nosotros sólo está en que usted todavía no lo sabe.

Sai Baba no necesitaba que alguien le otorgara reconocimiento como Dios, o como parte del TODO, simplemente él actuaba sabiendo que lo era, y la clase de “milagros” que usualmente realizaba en público mostraban su elevado grado de Conciencia Cósmica o Crística que le permitía ser y hacer lo que él quería en el momento en que lo quería.

Esto demostraba que su conciencia de estar integrado al Cosmos (algo equivalente a “ser Dios”) era diferente de la inconsciencia de serlo de los que lo rodeaban, que aún sin saberlo también estaban formando parte de ese TODO que los religiosos llaman Dios, o NOUS en algunas Logias esotéricas.

Pero por falta de esa Conciencia Cósmica que les permitía reconocerlo de por sí, ellos no podían acceder a los conocimientos y a la aplicación de la Energía al nivel superior que podía hacerlo Sai Baba. Podríamos decir que quien reclama reconocimiento por parte de los demás es justamente aquel que no se da reconocimiento a sí mismo, que no se reconoce en su valor como parte indivisible del TODO.

Si él mismo se reconociera, ni siquiera se sentiría identificado con su nombre, porque ninguna Entidad luminosa se reconoce con un nombre; no hay nombres más allá de la 4ta Dimensión porque cada uno de los Seres que integran la Luz es parte de su Hermano y todos forman el TODO.

Como detalle, una Entidad de una Dimensión superior trajo hace muchos años el Mensaje que todo personaje no humano que se autodenomine o se identifique con un nombre, no es una Entidad de Luz, aún cuando se encuentre en el Camino de la Luz.

En las Vibraciones Superiores no existen nombres; los nombres son una característica humana a fin de reconocerse. En las Dimensiones Superiores, las Entidades se reconocen por los colores de su Energía y no necesitan apodos ni calificativos. No se hace necesario ningún reconocimiento simplemente porque se dice que no acepta categorización lo que Ya Es. Reconocimiento, es para quien todavía no Es; en el ámbito humano el presidente de una nación no circula con un cartelito para que lo reconozcan como que es el presidente, porque todos saben quién es.

Si analizamos la etimología de la palabra castellana “reconocimiento” en referencia a “buscar reconocimiento de los demás” vemos que proviene de RE (nuevamente), CONOCER (saber, percibir) y MIENTO (instrumento), o sea que el Reconocimiento sería el hecho de hacer distinción de algo o de alguien de entre los demás, en base a percibir las características diferentes de ese algo o de ese alguien. Esto implicaría tomar nota que los rasgos de ese alguien son distintos a los de otros y por lo tanto merecen una cierta diferenciación o calificación evaluativa.

En algunas personas, el reconocimiento de los demás se hace necesario para sostener su autoestima, su propia valía, para sentir que forman parte del mecanismo social en el sentido de no sentirse dejados de lado, o como que no importaran como personas en el grupo. Los adolescentes buscan el reconocimiento del grupo, perteneciendo al grupo y haciendo exactamente todo lo que hace el grupo, para no ser excluidos “porque huelen distinto que la manada”.

Esto constituye una especie de “alimento” inmaterial que los sustenta y refuerza su ego, es decir algo así como un “estoy aquí, véanme, no me ignoren, ténganme en cuenta porque de ese modo sé que existo, pertenezco y de ese modo no siento NO SER” y esto se debe a cierto miedo de no sobrevivir estando solos si los demás no los consideran.

Esto pasa mucho entre los actores, actrices, artistas, músicos, etc. o sea en aquellas personas que necesitan que el público los mantenga en su memoria y los aplauda; no se trata solamente por interés a nivel económico que necesitan mantener la atención de sus espectadores sino para no deprimirse por la ausencia de consideración, aplauso y mención.

Por eso, muchos suelen hacer excentricidades y ponerse en situaciones insólitas a fin de ser permanente objeto de ser tenidos en cuenta; es decir, “hablen bien o hablen mal de mí, pero que hablen” para no ser olvidados. Se trata de una triste versión, necesaria para una patética existencia.

El reconocimiento sería así una especie de “premio” buscado al llamar la atención, tal como un niño permanentemente alborota, grita, hace berrinches, reclama atención de la forma que sea para que sus mayores no se olviden que está allí por una cuestión de que depende de ellos para su subsistencia y su inseguridad hace que se aterrorice si se olvidan de él. Siente que estando solo puede morirse por falta de ayuda y eso le hace llamar la atención de los demás.

Lo que en un niño pequeño se comprende, aunque le privará de sustentar autoestima cuando sea mayor, ya en una persona grande pasa a ser molesto cuando busca protagonismo a costa de hacerse notar; pero eso justamente se debe a su falta de autoestima y a un ego sumamente absorbente que requiere alimento en forma de energía desde los demás porque no sabe cómo alimentarse por sí mismo.

La búsqueda de reconocimiento no es solamente un rasgo humano; el Reconocimento parece ser un valor identificado por animales  y también por seres Elementales. Tuve la experiencia de convivir un tiempo con un ser Elemental, y uno de sus reclamos hacia mí era que sentía la falta de reconocimiento, lo que la llevaba a una situación de frustración y enojo, e incluso a hacer reclamos ante otras personas, lo que me resultaba bastante fastidioso porque no se puede estar pendiente de lo que hace alguien todo el tiempo.

Por ejemplo, un perro se prestará a hacer cualquier pirueta o ejercicio en tanto su entrenador luego premie con alimento o con caricias esa actuación; cuando el perro aprende que si hace tal o cual movimiento será reconocido o premiado con el alimento o con una muestra de afecto, también identificará la orden de hacerlo y estará complacido de realizarlo, en la expectativa de ser reconocido.

Sin embargo su instinto le hará defender a su amo (y hasta consolarlo cuando lo nota triste) sin la intención de buscar el reconocimiento porque el Alma Grupal de los animales, antes de que el hombre fuese sembrado sobre la Tierra, hicieron un acuerdo a alto nivel, Alma-Alma para ayudar a la sobrevivencia del ser humano sobre la superficie del planeta, a cambio de colaboración entre especies. A veces el reconocimiento es calificado mediante alimento o una caricia, pero en otras, lamentablemente, no hay reconocimiento sino el maltrato, el abandono y hasta la muerte.

La diferencia entre el perro y el gato, por ejemplo, es que el gato se maneja con cierta indiferencia y es más independiente porque aunque no tiene ese acusado instinto defensivo de su amo como el perro, el gato lo defiende de otra manera, energéticamente, intentando compensar el ambiente dado que es más sensible a las cargas o a la presencia de seres vivientes de la cuarta dimensión, que por su frecuencia vibratoria se encuentran fuera de la detección natural del ser humano pero no de la del gato o del perro.

Sin embargo, tanto el Reino Animal como el Vegetal se siguen prestando a colaborar con el ser humano aunque éste parecería entender que su función sobre la Tierra fuera solamente para arruinarla, contaminarla y destruirla. El ser humano no está cumpliendo su parte del acuerdo y esto lo llevará a su destrucción como especie de una forma u otra si no reflexiona a tiempo.

Por ejemplo, la Naturaleza y demás seres vivos ya han detectado que el ser humano no es tan humano como debería, lo que origina en ellos su rechazo y su temor al hombre. Koko, una gorila que hoy tiene casi 50 años, fue adiestrada por la doctora Francine Patterson en Stanford, EEUU, para hablar por señas, y un día dijo en su limitado lenguaje de unas 1.000 palabras que ella era parte de “la Naturaleza” y señalándose la cabeza, indicaba que el hombre “es estúpido”; menuda lección de humildad para quienes pudieron interpretar y “ver” su discurso.

Por otro lado, también el ser humano normal busca su parte de reconocimiento sin comprender que en el fondo, una materia de su carrera de experiencia sobre la Tierra es aprender a hacer lo correcto por hacer lo correcto, sin necesidad de ningún reconocimiento externo.

Si se tratara de un niño, por ejemplo, debería comportarse correctamente sin esperar que por ello fuese premiado con un helado, como reconocimiento. O bien, el hacer las tareas escolares debería ser para él un juego o una obligación más como todos tenemos, simplemente porque es un beneficio para su propia existencia y no un esfuerzo que merece una mención especial o un reconocimiento en particular.

Pero esto también puede prestarse a cierta manipulación ya que podemos ver que cierta porción muy grande de la especie humana en general tiende a no cumplir con sus responsabilidades a menos que consiga cierto reconocimiento u obtenga algo a cambio.

Eso define notoriamente su falta de conciencia, porque si tuviera conciencia del porqué de su existir y su importancia individual como parte del colectivo, el cumplir con sus deberes en forma correcta le reportaría una satisfacción suficiente como para que con sólo eso ya se sintiera colmado.

Esto es algo similar a la satisfacción que siente aquel que encuentra una billetera con dinero y hace el esfuerzo de localizar a su dueño y reintegrarla sin querer aceptar nada a cambio. Nadie solicitó a los hinchas de futbol japoneses y senegaleses a juntar su basura en el estadio de Rusia luego del encuentro; lo hicieron sólo porque se suponía que era su deber hacerlo luego del festejo. No buscaron el reconocimiento del mundo, simplemente consideraron que era lo que correspondía por el bien de sus semejantes.

Si aceptaran algo a cambio, eso estaría arruinando la satisfacción personal que obtendrían al haber hecho lo correcto simplemente porque así debía hacerse.

Para cierta clase de personas, hacer un servicio o un beneficio a alguien por el solo placer de hacerlo representa mayor recompensa que lo que pudiera recibir a cambio. Dicha satisfacción personal tendrá como resultado una elevación de su autoestima, lo que a su vez le brindará el motivo de su satisfacción, cerrando un círculo virtuoso por realimentación positiva.

Observando una tribu de hormigas uno se maravilla al comprobar cómo cada una de sus integrantes ha asumido una clase particular de función y la realiza en pro de la supervivencia de su grupo sin necesidad de órdenes, acuerdos, leyes, sindicatos, sueldos, reconocimientos, premios o castigos. Lo hace simplemente debido a la conciencia elemental de pertenencia que le brinda su instinto y la dirección de un Alma con inteligencia superior y Conciencia Cósmica que se halla integrada a las Tribus Elementales regidas nada menos que por el Arcángel Miguel.

Ciertos Seres Elementales benéficos que mantienen una actitud favorable al ser humano (porque no a todos los Elementales les cae grata la presencia humana debido a su comportamiento), al carecer del nivel de conciencia que posee el hombre, necesitan a cambio cierto reconocimiento que suele ser manifestado mediante ofrendas.

Si este reconocimiento no se materializa sentirán ser objeto de una falta de consideración por su servicio al humano que les puede llegar a producir una frustración y un amargo resentimiento, lo que los impulsará incluso a manifestar su enojo y enfurecerse al grado de causar daños que pueden llegar hasta ocasionar “accidentes” o hasta la muerte de alguna persona.

Ésa es la gran diferencia que hay en ser un humano; se trata de la capacidad de lograr la conciencia mencionada, aunque no siempre se logre. Este tipo particular de conciencia no termina de ser comprendida por otras especies, aún aquellas más evolucionadas mentalmente que el hombre y en ciertos casos, resulta hasta desconocida; por eso se comprende su elevado interés en comprender “cómo funciona” un ser humano.

A ese respecto, el ser humano es especial, tiene una capacidad adicional que le permite evolucionar a grados espirituales muy elevados, que muchas otras especies con millones de años de ventaja en evolución, aún cuando son religiosas, no poseen y en eso son similares a los Elementales; se trata solamente de hormigas con un cerebro de gran evolución y capacidad puramente mental, e incluso se les parecen físicamente.

Estas otras especies buscan replicar personas sin lograr que sus tareas genéticas puedan crear “humanos con conciencia” a menos que participe en sus hibridaciones el genoma humano; ellos son capaces de crear vida, pero no conciencia ni alma, justamente porque ellos mismos carecen del concepto de Conciencia Cósmica.

Aunque poseen un elevado grado de conciencia grupal, no poseen la calidad de alma personal o individual, ni la experimentación de emociones como las posee el humano, que es lo que lo distingue (por ahora) del resto de los animales y de un robot.

Esto genera “el robo de almas” o lo que llamamos “almas atrapadas” porque para estas especies particulares, el alma es un tesoro que ellos valoran de una forma que el mismo humano que la posee no es capaz de apreciar, justamente porque para él es natural poseerla. Pero este tema es motivo de otro artículo, por lo que debo continuar con el tema del reconocimiento.

Entonces, ¿Por qué el ser humano, o muchos de ellos buscan el reconocimiento y necesitan obtenerlo a cambio de sus actos? Porque ese reconocimiento eleva su autoestima cuando ésta no es suficiente y la autoestima es necesaria para sobrevivir; la autoestima elimina los miedos y eso parece asegurarle a la persona la confianza de que llegará al día de mañana sin pasar por mayores dificultades ni sufrimientos, y que si debe hacerlo podrá superar el trance mediante la fortaleza adquirida.

Llegará en la persona, en algún momento, un grado de evolución tal, en que ese ser humano tome conciencia plena de su calidad humana y de su ubicación y pertenencia dentro de los esquemas energéticos superiores y entonces ya podrá prescindir de si es reconocido o no, porque su autoestima se habrá consolidado de manera que ya no lo necesita.

Tal vez el lector que ya conozca que soy Astrólogo pensará que todos los días hago mi horóscopo personal y que llevo mi Carta Natal en el bolsillo para consultarla a cada oportunidad; nada más lejos de ello. He pasado meses sin analizar mi situación astral ni tirar las cartas de Tarot para ubicarme en mi realidad. Porque luego de años de hacerlo, comprendí que no tenía precio la aventura de desafiar todos los días de la vida armado solamente con mi autoestima y mi confianza en aprender a sobrevivir a cada situación, lo que ayuda a su vez, a elevar mi autoestima.

En otras palabras, se comprende entonces que si nuestra autoestima está elevada al nivel apropiado, no necesitaremos del reconocimiento; esto indicaría que la necesidad de reconocimiento sería parte de un escalón primario en la evolución de la persona en el que todavía no se ha desarrollado la autoconciencia al nivel que se aspira como deseable.

Pero si pudiéramos llegar al grado de no necesitar ya del reconocimiento, tampoco resultaríamos sensibles a las desvalorizaciones, a los insultos o a los cuestionamientos negativos de los demás. La descalificación no tendría efecto sobre nosotros y por lo tanto, no le daríamos lugar a esa clase de manipulación que viene de la mano con dicha descalificación, en su intento de robo de energía como alimento para el ego de quien descalifica.

“No me ofendo cuando me vilipendian ni me exalto cuando me adulan” eran palabras frecuentes del Maestro Sai Baba; eso mostraba su alto grado de autoestima y de autoconocimiento.

Y en tal caso, si ya no necesitamos del reconocimiento, de la categoría de humanos pasaríamos por sobre la categoría de Ángeles para estar integrados en lo que proclaman los Avatares: que todos somos dioses, lo sepamos o no, cuando alcancemos la Conciencia Cósmica. Y paralelamente a ello, dispondremos de los mismos atributos y poderes que corresponden a la categoría de haber alcanzado dicha Conciencia.

En resumen entonces, la búsqueda de reconocimiento implica disponer de un grado muy básico de conciencia que puede ser superado con el aprendizaje sobre nosotros mismos, a medida que vamos comprendiendo que debemos reforzar nuestra autoestima, ya que disponemos de los medios para ello otorgados casi con exclusividad a nuestra calidad de seres humanos. Porque, al decir de Sai Baba, “yo soy Dios y usted también lo es”; sólo falta descubrirlo, incorporarlo y asimismo, lo más difícil: sustentarlo como tal.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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