¿POR QUÉ LOS HIJOS JUZGAN A LOS PADRES? Parte 2 de 2

Continuando con el tema del artículo cuyo enlace es: https://www.elsenderodelser.com.ar/2018/05/25/por-que-los-hijos-juzgan-a-los-padres-parte-1-de-2/ ya sabemos que en ocasiones cuando se producen conflictos graves o reiterados, el balance del sistema familiar queda seriamente descompensado, y así no puede actuar en armonía y cumplir la función para la que fuera constituido.

En tal caso, la desarmonía puede olerse en el aire y la situación se mantiene en “stand by” en espera de ser reseteada o reorganizada, y mientras tanto no puede requilibrarse sino a través de una terapia que restablezca el orden energético apropiado.

Esto resulta equivalente a cuando el caos en la disposición de archivos en la memoria de nuestra computadora la pone lenta y pesada, y es necesario “desfragmentarla”, es decir, poner los fragmentos de los archivos en el orden secuencial correspondiente para que se restablezca la operatividad del sistema con la velocidad acostumbrada en la transmisión de datos.

Inclusive, debido a que los campos energéticos mencionados y aún hasta la posición física que se adopte en la relación familiar es importante, es necesario tenerla en cuenta por ejemplo, al caminar en grupo o al dormir. La jerarquía debe ser siempre respetada; mayor edad, mayor jerarquía, mayores derechos pero con mayores obligaciones y responsabilidades.

Por ejemplo, en el frecuente caso de producirse un conflicto padre-hijo de forma tan incongruente que uno de ellos debe ceder a fin de terminar con el problema, siempre deberá ser el más joven quien se incline ante el mayor.

No corresponde que un padre vaya a buscar y rogarle a su hijo que regrese a la relación apropiada; esto no se debe a una cuestión de orgullo, sino porque de nada servirá si el hijo no está dispuesto. El hijo, cuando se sienta convencido y preparado, deberá acudir al padre. Pero entonces el padre obligadamente deberá estar dispuesto a recibirlo.

Lamentablemente he presenciado muchas veces el dolor que se produce en el hijo cuando lo comprende y el padre (madre) ya no están en este plano; el hijo cree que el conflicto ya no puede resolverse pero no es así. Existen muchas técnicas apropiadas para resolverlo.

En el consultorio cuando le pregunto al “consultante hijo” las razones por las cuales se lleva mal con la madre o con el padre, muchas veces no sabe bien qué razón válida hay y las que manifiesta no parecen obstáculos que no puedan resolverse, pero yo puedo verla claramente graficada en las Cartas Natales de ambos, lo que significa que fue pactada antes de nacer y por eso está a la vista desde el momento del nacimiento, siendo un tema predispuesto para ser resuelto.

A veces, la desarmonía se introduce sólo por una cuestión de un ordenamiento que no ha sido respetado en nombre de la libertad mal entendida, por ejemplo que el niño al pasar los años siga durmiendo en la cama de los padres entre medio de ellos, o que el hermano menor disponga de libertades que al hermano mayor se le han negado, ya sea porque el menor las ha conquistado por su simpatía o poder de manipulación, o porque como ya se sabe, el mayor es el que abre el camino.

A este respecto cabe decir que cada hijo tiene un lugar distinto en la Carta Natal del padre o de la madre, lugar que si no es respetado generará una desarmonía energética. Si el segundo embarazo de la madre se ha interrumpido o se ha perdido, por ejemplo, el segundo hijo vivo no es el segundo sino que debe ocupar el lugar del tercero.

Energéticamente, ese segundo hijo cuyo embarazo se ha perdido, o el hijo que ha fallecido de pequeño, trae el conflicto de que la energía del ausente reclamará su lugar exigiendo ser considerada como parte de la familia, y por lo general la familia no puede reconocerla como integrante presente y la ignora, lo que inevitablemente generará una anomalía en la energía grupal que perjudicará al grupo entero y a cada uno en particular.

Llevado al plano físico, normalmente la madre deberá situarse siempre a la izquierda del padre, y el niño o niña, a la izquierda de la madre; nunca el menor entre ambos padres, porque está interrumpiendo el flujo de la energía entre ellos y se apropia del poder que corresponde a sus mayores.

Tampoco el menor a la derecha del padre, porque entonces la ubicación indica el reconocimiento del padre hacia el hijo, en una jerarquía errónea como si el hijo fuera el padre de su padre, o sea, el abuelo de la familia.

En el equilibrio del sistema familiar, por ejemplo, el padre o la madre abrazarán a su hijo por encima mientras los brazos del hijo abrazarán al padre por debajo. Los brazos de la madre o el padre se extenderán por encima de los brazos de los hijos, nunca en cruz, porque eso se reserva para la pareja, los pares o los amigos.

Esto tal vez sonará como una excentricidad, pero así es la manera de conservar exactamente cada lugar en el equilibrio energético de la familia, evitando de ese modo una confusión que luego se transmitirá en las respuestas emocionales que el hijo habrá de tener en el futuro, cuando pretenda tener su propia familia. Si no es educado en orden, seguirá transmitiendo el desorden a su propio hogar, el que difícilmente sobrevivirá en el caos energético.

Del mismo modo, una pareja nunca deberá dejar que otro de la familia o no, se interponga entre ellos, sentados en un auto o en una banca, para no drenar energía del lazo entre ellos ni contaminar el flujo entre ambos integrantes de la pareja.

En el automóvil, nunca la esposa deberá ceder su lugar junto a su esposo, ni aún a la madre o al padre de su marido, porque el lazo energético que los une se verá distorsionado por la tercera persona.

Ni siquiera deberían dejar que un poste de luz o un árbol se interponga entre ellos al caminar; deberían pasan juntos por un lado o por el otro, pero siempre juntos.

Todo esto es curioso, suena algo raro pero es absolutamente real aunque desconocido en cuanto a los campos energéticos. Por ejemplo, según los principios astrológicos, hay individuos solares, y otros lunares. Los solares (hombre o mujer) tienden a una conducta masculina y los lunares (sean hombre o mujer), se inclinan hacia un comportamiento femenino, es decir, más emocional.

Conozco el caso de hombres lunares en los que el complicado manejo de sus emociones les impide no solamente formar el hogar que tanto necesitan por ser lunares, sino que les complica aún la resolución de sus manejos económicos.

El padre, debería ser solar y el hijo debería tomar de él su capacidad de lucha y su progreso económico; la madre, debería ser lunar y el niño tomar de ella su costado emocional, trasladándolo a sus afectos familiares.

Todos estos detalles, cuando no son observados, pasan a constituir “la caja de las herramientas” del niño, pero desequilibradas; allí el niño cuando sea grande, sentirá sin saber porqué, que sus fracasos provienen de anomalías energéticas familiares, y entonces, culpará inconscientemente a sus padres o tal vez a uno cualquiera de ellos.

Sentirá cierto desgano de acercarse a su familia paterna y hasta se sentirá culpable de experimentar ese desgano, pero se dará cuenta que entre ese padre o madre, y él, hay una barrera emocional invisible pero palpable, muy difícil de resolver porque no se trata de un conflicto físico sino de uno energético.

Inevitablemente, el hijo será un severo juez de sus padres; con preocupación observo que la mayoría de los padres de hoy transgreden casi todos estos principios, aún desde que el niño es pequeño, cediéndole la energía del mando y el manejo (manipulación) del grupo familiar, al grado que el menor se siente dueño de hacer lo que se le da la gana cuando se le da la gana.

El niño conflictuado interrumpe las conversaciones entre adultos, reclama protagonismo, hace berrinches por cualquier cosa para llamar la atención, y lo peor del caso es que los padres jóvenes en lugar de establecer el equilibrio y fijar los límites, sólo sonríen y consienten, en pro de conservar la paz.

Lo lamento por ellos, porque son padres candidatos a ser esclavos de sus hijos cuando éstos sean mayores, y sus hijos, se convertirán en permanentes disconformes frustrados por la realidad.

Cuando yo he preguntado por la razón de esta cesión de energía y de poder, los padres me han respondido: “Y si no lo dejamos, no sabés cómo se pone, se enferma, se ahoga” etc.

Al convertirse el hijo en adolescente, (esto lo he escuchado personalmente) el hijo les reclamará a sus padres: “Y si vos no me educaste, no me enseñaste los límites, me dejabas hacer lo que yo quería, fallaste como padre así que ahora no me reclames” como excusa de sus comportamientos disfuncionales y de sus fracasos actuales, normalmente cuando son jóvenes o camino a ser mayores.

En la actualidad, muchos hijos de mayor o menor edad ignoran por completo a su madre o padre, o bien, a ambos, y los padres ignorados suelen concurrir desconsolados al consultorio a que el Tarot les indique las causas, cuando ya se ha establecido la anomalía desde el principio y prácticamente, casi ya no hay remedio.

En muchos de los casos, la solución de recomponer el orden familiar se logra mediante Constelaciones Familiares, potente herramienta de sanación multidimensional, cuando alguien de la familia se ilumina hacia buscar la solución en esta terapia, o bien, observa que en su vida se interpone una constante que le impide tal o cual desempeño y busca los orígenes del conflicto.

En otros casos, la terapia de Regresión Hipnótica puede reacomodar la situación del individuo al depurar su pasado y recomponer las situaciones emocionales que lo desordenan; también una Lectura de Registros Akáshicos puede ayudar a identificar y corregir las causas del desequilibrio, cuando el individuo está plenamente dispuesto a resolverlo.

Por sobre todo ayuda a la aceptación, la comprensión a través de la Astrología, lo que permitirá que el individuo reubique las energías en juego. A través de la PNL también se puede lograr identificarla y corregirla, pero siempre la recomposición será posible sólo a través de la firme decisión de la persona de reinstalar el equilibrio. Cada quien debe “reiniciar o resetear” su propio “equipo de trabajo” dimensional.

Como puede verse, hay múltiples razones por las cuales los hijos tienden a juzgar a sus padres, y si bien no corresponde que lo hagan, hay que reconocer que tienen parte de razón.

Esto no significa que justifique que se queden instalados en esta instancia, culpando a sus padres de sus traumas y fracasos, porque si fuera así, nunca podrían llegar a solucionar el conflicto y éste cada día se volvería más grave como toda crisis que se refuerza dado que no se ha resuelto a su debido tiempo.

Lo peor del caso es que si una persona no logra resolver sus conflictos emocionales y su equilibrio familiar y ancestral, se trasladará a sus hijos el problema y al alejarse del origen, éste cada vez se volverá más difícil de detectar y resolver. Por eso en el libro de Éxodo de la Biblia encontramos que se nombra “…el que castiga la iniquidad de los padres, sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación”.

La energía no toma en cuenta el tiempo ni el espacio porque esas magnitudes sólo tienen sentido en estas tres dimensiones en que nos manifestamos materialmente.

Dado que la energía se considera como parte de “la materia” empleada para los procesos de la Cuarta Dimensión, esto nos indica que un desequilibrio se mantendrá indiferente en el tiempo y en el espacio hasta que sea recompuesto y solucionado, tal vez unas cuantas generaciones después.

Por eso, no deberías sentirte culpable si alguna vez has juzgado a tus propios padres, eso es natural; pero del mismo modo deberías aceptar que tus hijos te juzgarán a su vez. Es el proceso necesario para detectar las anomalías y resolverlas, mecanismo a través del cual aprenderán tanto los hijos como los padres, estén presentes o hayan partido ya de esta dimensión material, porque para ellos el tiempo y el espacio, el ayer y el hoy, se han vuelto una unidad indivisible que los afecta interdimensionalmente.

Esto nos indica que toda transgresión es “memorizada” o “grabada” por el Sistema Energético hasta no ser compensada, por lo cual deberíamos ser concientes de los efectos que tendrán en el futuro nuestros errores, y si fuera posible, preferentemente convendría localizarlos a tiempo y resolverlos corrigiendo nuestras conductas erradas no bien se detecten, porque dicho Sistema no distingue si los desequilibrios fueron causados en plena conciencia o sin saberlo. Las consecuencias son las mismas, porque el sistema es impersonal.

Sí podemos afirmar que cuando existe un conflicto entre un mayor y un menor, la responsabilidad es mayor en el mayor; cuando hay desacuerdos entre un subordinado y su jefe, la responsabilidad es mayormente del jefe, porque no ha sabido mantener el orden jerárquico y poner las cosas en su lugar.

En estos casos el de menor jerarquía, con toda razón, siempre acusará al mayor por no haber resuelto apropiadamente el orden energético en el que ambos están involucrados. Por eso, como padres, hagámonos cargo de nuestra mayor jerarquía y responsabilidad sobre nuestros hijos.

Como hijos, busquemos comprender los errores de nuestros padres; comprender no significa justificar sino aceptar. No nos corresponde liberar a otro de sus errores, no está dentro de nuestras capacidades ya que solamente el involucrado será capaz de corregir la anomalía energética causada; es su problema personal, su aprendizaje. No podemos hacerlo en nombre de él.

Contrariamente a lo que la religión establece a su conveniencia, Jesús no vino a salvarnos de nuestras culpas, sino a enseñarnos cómo hacer para salvarnos a nosotros mismos.

Sin quererlo, hemos llegado a incursionar en los principios universales del Karma, que trataré en otro artículo posterior, pero tengo la esperanza de que hayan quedado en claro las razones de por qué los hijos juzgan tan severamente a sus padres.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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