CÓMO SE TRATA EL MIEDO

Este relato es sobre una persona real, una mujer tan miedosa que ante cualquier situación desconocida que tuviera que enfrentar, inevitablemente se desvanecía y caía redonda al suelo. Nunca en tantos años de terapeuta presencié algo semejante.

Comencé a tratarla con la terapia de las gotas de Flores de Bach, y al poco tiempo, dos meses, ocurrió algo que yo nunca hubiera imaginado. Estando ella de visita en mi casa de campo, pasó al baño mientras yo la esperaba mirando TV. A los pocos minutos, escuché que me llamaba con urgencia; me sorprendió porque estaba distraído y acudí frente a la puerta del baño para preguntarle qué le pasaba, sabiendo de su gran problema de tenerle miedo a todo.

Me dijo que buscara rápidamente una escoba y que me ubicara frente a la puerta, listo para entrar cuando ella saliera. Me imaginé que había visto algún insecto, pero me extrañó que su voz sonaba tan segura y le pregunté qué era lo que pasaba.

Me respondió que… ¡Había una laucha en el baño y que no bien ella saliera, que entrara para atraparla! Primero pensé que estaba bromeando, porque yo conocía sus ataques de pánico y estar en el baño encerrada con un ratón además de no ser una experiencia grata, yo hubiera jurado que era imposible de soportar para ella.

En efecto, salió rápidamente y me señaló al ratón en un rincón, el que fácilmente acorralé y atrapé para que no se escondiera en las habitaciones de la casa.

Pero al repasar mentalmente la situación no pude evitar sorprenderme: ella había curado su miedo, y valientemente, mientras estaba encerrada, hasta se había tomado el tiempo de pensar en lo más expeditivo que se debía hacer.

Así de poderosas son las Flores de Bach, que tratan las distintas emociones perjudiciales en el ser humano, en animales y hasta daños en las plantas.

El sentir miedo es una sensación muy desagradable, incómoda e inquietante. Todos de alguna manera tenemos miedo de algo, aunque muchos sabemos que lo peor que puede pasarnos es justamente dejarnos dominar por ese miedo y tenemos en claro que debe ser controlado, antes de que él nos controle (o nos descontrole).

Esto resulta muy fácil de decir, pero en la realidad no parece ser tan sencillo, por la simple razón de que la mayoría de las veces evitamos tener contacto con todo aquello que nos produce miedo, justamente debido al temor que nos genera establecer CONEXIÓN con ese algo, y por eso mismo, no logramos obtener conocimiento ni conciencia sobre el mismo, y de ese modo, permanece como desconocido y eso exactamente es lo que nos produce miedo.

Al no tener la real conciencia por falta de conexión, le damos lugar a cualquier pensamiento suelto que puede no tener ningún asidero real, y eso aumentará nuestro miedo a ese tema en lugar de resolverlo, cayendo en una espiral disfuncional.

Por eso esto resulta así un círculo vicioso: tenemos miedo a un asunto, por lo que evitamos tener conexión con el mismo; esto resultará en falta de conocimiento y en una conciencia equivocada sobre ese asunto, que a su vez incrementará el miedo a ese tema por ser desconocido, lo que nos alejará más del mismo volviéndolo cada vez más grande en relación a nosotros.

Apelando al sentido común, concordaremos en que es imposible luchar contra algo que se desconoce, por lo que lo primero que deberíamos hacer es comprender QUÉ ES EL MIEDO.

El miedo es la sensación que se produce en nuestra mente cuando no estamos seguros de estar en condiciones de enfrentar una determinada exigencia que nos convoque, es decir, que estimamos no tener las herramientas necesarias para resolver esa cuestión.

En otras palabras, se trata de evaluar nuestros potenciales, nuestras herramientas, y comparar todo esto con la posible solicitación que se nos presente; también influye la falta de conciencia de las características reales del elemento al que deberemos enfrentar.

El miedo puede resultar funcional o disfuncional, según nos ayude a obtener algo, o bien nos prive de otro algo; es decir, nosotros tenemos el poder de volverlo funcional para que deje un beneficio, o disfuncional como cuando nos produce un inconveniente, una pérdida, o simplemente nos bloquea.

En realidad, el miedo trae escondida una función muy específica y funcional: ayudarnos, a veces obligadamente, a que tomemos conciencia de nuestras capacidades y descubramos las herramientas o potenciales de que disponemos para hacerle frente a ese tipo de situación.

Una vez logrado ésto, desaparecerá ese miedo; quizás nos encontraremos con otro, al que deberemos enfrentar. Pero con  el tiempo y la práctica, todo lo que normalmente nos hubiera producido miedo, ahora nos producirá curiosidad y hasta la sensación de aventura una vez lograda mayor seguridad en nosotros mismos.

El miedo puede llevarnos a encerrarnos en nosotros mismos, o por el contrario, a superarnos cuando lo enfrentamos. Pero si lo logramos, esa superación es definitiva; cuando lo encaramos decididamente y nos sobreponemos, entonces deja de tener influencia en nuestra vida. Desaparece ese miedo, de una vez y para siempre.

En este caso, se desvanece como el fantasma que es, fantasma creado por nuestra propia mente, nacido de nuestra propia energía y por lo tanto, llegando al extremo de constituirse en un egregor o una larva energética que puede llegar a consumirnos porque se va apropiando de nuestros recursos energéticos cuando lo sobredimensionamos. El miedo puede llegar a debilitarnos al extremo de poner en peligro nuestra salud.

Lo que impide superar el miedo es justamente la reacción inconsciente de huir de él, y de alejarnos de lo que genera ese miedo. Por eso mismo, lo que más resultado da es animarse a acercarse de a poco y con precaución a lo que más nos atemoriza, para establecer alguna prudente conexión con eso y llegar a saber algo más que nos permita afirmarnos de a poco.

Es el mismo procedimiento que usaríamos al encontrar un bicho raro en nuestro jardín; acercarnos con curiosidad, de a poco, moviéndolo con un palito por ejemplo para ver cómo reacciona, lo que nos permitirá ir adquiriendo cierto conocimiento sobre su comportamiento y llegar a una conclusión real, la que generalmente nos indicará que no hay motivos para temerle, y que si lo dejamos seguir con su vida, él no afectará a la nuestra.

Del mismo modo debemos enfrentar nuestro miedo: con precaución pero con curiosidad, decidirnos a acercarnos gradualmente para conocer sobre el tema, obtener alguna información, asesorarnos, hasta llegar casi a tener contacto con el objeto de nuestro miedo. Eso nos brindará herramientas con las cuales ir al punto, enfrentarlo y vencerlo.

En la gran mayoría de las veces comprobaremos que nuestro miedo era infundado; y si echamos una mirada al pasado podremos ver que en un algún porcentaje mínimo, solamente en alguno tuvo sentido alertarnos, de entre todos los casos en los que hemos sentido miedo.

El procedimiento apropiado sería entonces, establecer conexión gradual para conseguir conocimiento sobre el tema que nos produce miedo, tomarnos el tiempo necesario para analizarlo e informarnos, porque siempre el miedo viene asociado al desconocimiento, lo que deja lugar a nuestras especulaciones que son realmente las que nos atemorizan.

Más que tenerle miedo a un examen, por ejemplo, uno siente esa sensación de inseguridad que nos ahoga porque no sabemos sobre lo que nos van a preguntar o no estamos seguros a lo que nos vamos a enfrentar.

Más allá que tenerle miedo a una araña, le tememos a lo que pensamos que puede pasarnos si dicho insecto caminara por nuestra piel; pero si no hubiéramos visto a la araña en el rincón, no nos inquietaría en absoluto. Esto se comprueba cuando vemos una fotografía de una araña, y sentimos cierta aprensión, aún cuando sólo es una imagen que no tiene realidad ni entraña alguna clase de peligro en nuestro entorno. Ese sentimiento desagradable es puramente una reacción nuestra, es imaginario, no existe en realidad sino que nosotros mismos lo hemos creado.

Lo que más nos afecta es pensar en la posibilidad de tener alguna conexión con el tema, siendo que justamente el tomar contacto aunque sea indirecto, nos ayudaría a superar la situación; por eso es necesario romper con ese círculo vicioso.

Existen tratamientos con Flores de Bach que eliminan las distintas clases de miedos, que están clasificados en base a lo que motiva esa sensación, y son terapias sumamente económicas y rápidamente efectivas, cuando no es posible superar el miedo mediante el sentido común.

Se pueden dimensionar sus resultados imaginando que uno se encuentra sentado en el inodoro y ve a su lado, a un ratón caminando, y en lugar de desesperarse, se dispone de inmediato a planificar la estrategia de respuesta… ¿Serías capaz de hacerlo, así, sin anestesia? Yo creo que en mi caso, me sentiría al menos, algo preocupado…

¿Qué hacen los matemáticos y los ingenieros cuando no tienen certeza de lo que puede ocurrir en determinado punto de un proceso? ¿Sienten miedo? No, porque se les paga para que lo resuelvan, no para que huyan del problema.

¿Y cómo enfrentan la situación? ¿Dejan que se produzca esa situación, a ver qué pasa y explote el laboratorio, o intentan obtener información sobre el proceso? Mediante el razonamiento, ellos primero intentarán llegar a graficar el comportamiento del proceso, concentrándose en el entorno del punto problema, en las cercanías del punto sobre el cual no conocen nada.

Y luego, se aproximarán mediante cálculos en forma gradual al punto de comportamiento desconocido, cada vez más, analizando la situación hasta convertir cada instancia de acercamiento en un dato preciso y verificable, como decir, avanzando otro paso firme más en la escalera hacia el problema.

Se acercarán por distintos lados, en distintos sentidos, para analizar el comportamiento del entorno de la situación crítica, sin llegar al punto desconocido dado que matemáticamente no lo pueden resolver, pero sí encerrándolo en un entorno cada vez más pequeño y claramente definible. Y así, alcanzarán la conclusión de lo que puede suceder en ese punto, sin haber estado en el punto. Ése es el concepto que se usa en la aplicación matemática del Límite, en las Derivadas y en el Teorema de Taylor aplicado al cálculo del intervalo de error.

Así fue investigada la fisión del átomo para lograr una explosión nuclear; fue una aproximación gradual hasta que se lograron las condiciones de verificarlo en una prueba; prueba que si bien estaba ya graficada, sorprendió a todos por sus resultados más allá de lo esperado. Así, de a poco, el equipo del Dr. Oppenheimer fue descubriendo los secretos del átomo, más allá del temor de producir una explosión nuclear mientras se investigaba.

Esto es lo mismo que puede hacer Doña Rosa Barrio, o Don José Pueblo cuando encuentra un insecto raro en su vereda, en lugar de salir huyendo o caer desmayado al suelo. Y así estarían controlando su miedo, reemplazándolo por conexión, conocimiento y conciencia.

Una vez alcanzada la conciencia, desaparece el miedo, porque ya sabemos claramente de qué se trata y podemos buscar una herramienta con la cual neutralizarlo. Solamente hay que adoptar lo que se va conociendo y adaptarlo a la situación, para resolverla. Adoptar y adaptar.

Sería como enterarse de antemano de los temas que nos plantearán en el examen; sólo sería necesario reforzar el conocimiento sobre esos temas, y de esa forma, adquirir seguridad. Ya se puede ver, a esta altura, cómo tanto derivando desde procesos matemáticos, o simplemente utilizando el razonamiento, podemos entender cómo se trata en forma eficaz, el miedo.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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