EL GUSANO EN LA MANZANA: LA ENVIDIA

Hace años ya, cuando hacía una tirada con los Arcanos Menores para mí mismo como periódicamente lo hago, siempre aparecía el Arcano que representa a la Envidia relacionado a una persona que en ese momento, era muy cercana a mí. Yo no lo podía entender, puesto que con ella yo compartía sin prejuicios todo lo que tenía, lo que sentía y lo que pensaba que podía traerle a esta persona bienestar y felicidad.

No podía comprender que siempre se repitiera este mensaje, pero si el Tarot me lo señalaba, así seguramente debía ser aunque yo no fuera capaz de descifrar a qué se refería.

Pasaba el tiempo y este Arcano seguía mostrando la envidia de esta persona hacia mí, y yo seguía sin comprenderlo. Hasta que un día, ella en un momento inesperado, me quedó mirando y expresó su verdad diciendo: “Como envidio tu alegría de vivir, no sé cómo siempre puedes estar animado, cuando yo no puedo”. Allí estaba la envidia. No parecía ser malsana, pero ya ciertamente estaba declarada y reconocida; el Tarot, como siempre, estaba mostrando una verdad, pero yo no había sido capaz de interpretarla porque los sentimientos no me permitían verla.

Todos sabemos a lo que se refiere la palabra ENVIDIA, y muchos son los que opinan que es una emoción negativa, pero probablemente no hayamos prestado atención o no nos hayamos informado que la envidia es un elemento inherente al ser humano y solamente al humano, y que tiene cierta complejidad en sus orígenes.

La envidia es en esencia, una emoción escondida que aparece en una persona que observa que otra posee algo que ella no puede tener mientras está creída que ella sí merece, pero que el otro tiene y posiblemente hasta ella crea que él no lo merece.

La envidia puede llevar hasta al deseo de hacerle daño a esa persona envidiada, y volviendo al caso mencionado al principio, en aquella ocasión esta persona no podía evitar comentar a mis amigos cercanos su propia versión de cómo sufría a mi lado. Ellos no entendían por qué, dado que si era real que sufría tanto, cómo era que ella seguía permaneciendo a mi lado.

A veces puede pasar que la envidia surge en alguien muy cercano a nosotros, de quien menos lo esperamos: un hermano, una pareja, un amigo, pero sucede que esa persona disimula tan bien lo que siente que es difícil notarlo a simple vista. La envidia, por estar condenada socialmente como algo perverso, es una de las emociones más reprimidas porque nadie quiere que se le note y ser así acusado de envidioso.

Sin embargo, en una tirada de Tarot, los Arcanos Menores señalarán inequívocamente este sentir en la persona al aparecer el Arcano del SEIS DE ORO en el mazo español.

La envidia, más allá de tener distintos grados, puede estar siendo experimentada por nosotros de distintas formas, y a su vez puede resultarnos funcional o disfuncional dependiendo de nuestra actitud hacia la situación. Muchas personas consideran a la envidia como una emoción negativa porque así la considera la Psicología, siendo que su calificación depende de cómo nos paramos ante esa emoción y justamente su descripción e interpretación es lo que motiva este artículo.

Hay dos formas de canalizar esta emoción, que algunos califican como sentimiento o bien un rasgo de la personalidad, y otros hasta como un desorden hormonal. La envidia resulta ser una conducta adaptativa, una respuesta a un estímulo mental que proviene por ejemplo de la comparación tengo-tienes, soy-eres, pero siempre entre personas, no en una persona hacia un objeto.

En algunos casos la envidia que siente la otra persona hasta puede resultarnos dañina al transformarse en odio, furia y hasta llevar al asesinato cuando se descontrola. Se trata de una actitud tan malsana y negativa que en los Arcanos Mayores está representada por el Arcano XV, El Diablo. Con esto, ya está todo dicho. El Diablo, el Príncipe de la Oscuridad y la mentira, envidiaba rabiosamente a la Luz y la Verdad de Jesús, el Príncipe del Amor.

Por ejemplo, curiosamente en forma primitiva y aún, ignorada por su conciencia, se considera que el hombre siente envidia de la mujer dado que ésta posee las cualidades de concepción y reproducción que el hombre no posee, aunque la gran mayoría de ellos no percibe que lleva esta carga consigo y por lo tanto, no puede comprenderlo ni asumirlo. La mujer debería ser, por tales cualidades, motivo de admiración para el hombre en reemplazo de dicha envidia.

Muchas veces algunos hombres materializan este sentimiento muy íntimo en agresión o en primitiva necesidad de desvalorizar a la mujer, o desmerecerla al grado de sentir la necesidad imperiosa de postergarla y humillarla. Lamentablemente el hombre pocas veces comprende que aunque su género sea masculino, cierta fracción muy íntima de él, es femenina, así como en la mujer también existe la dualidad de poseer un cierto componente masculino.

Ese hombre, entonces,  no se da cuenta que en realidad de esa forma él está menospreciando a una parte de sí mismo, es decir, se está despreciando en lo profundo en lugar de amarse en su integridad. Alguien dirá que esa actitud es “de poco hombre” siendo que en realidad, se trata de ser “poco mujer” porque el individuo no consigue integrar su potencial femenino para completar su 100%.

Astrológicamente, todo hombre posee un Sol en su Carta Natal que revela su fortaleza y la masculinidad que posee, pero también presenta una Luna que está relacionada con su costado femenino, lo que nos dice que para que un hombre sea completo, debe tener asumida su parte femenina y haber integrado esa fracción a sus potenciales masculinos para crecer en equilibrio.

Por otro lado hay un detalle curioso: una Carta Natal por sí sola no puede decirnos si se trata de un hombre o de una mujer, por lo que en eso hay igualdad de componentes para ambos géneros.  Además, tanto el hombre como la mujer muestran en sus Natales al planeta Marte, de efectos sumamente masculinos y agresivos, pero también al planeta Venus, representante del amor y la conciliación.

El machista, por ejemplo, es un ser desarticulado que resulta negador de sí mismo al no comprender las grandes ventajas que le traerían a su desempeño como hombre, integrar y obtener rédito de su lado femenino y complementar su masculinidad logrando un equilibrio armonioso que le ayudaría a alcanzar sus metas y sus éxitos de manera mucho más sencilla. En el Tarot, El Emperador (Arcano 4) observa a La Emperatriz (Arcano 3) pero no es capaz de abarcar sus potenciales femeninos al considerarla sólo una más de sus propiedades.

Lo mismo pero a la inversa, revela la feminista acérrima, que desprecia su costado masculino pero sin embargo copia del hombre sus actitudes masculinas extremas y repudiables. Ella resulta así, una machista con signo (-), lo que nos dice que no existe la “violencia de géneros” sino que en realidad es solamente violencia e incomprensión entre seres humanos, una intolerancia encarnada por igual en ambos géneros, y exactamente opuesta a lo que representa el amor, que significa unión, valorización y respeto.

Sería como si el dedo índice envidiara y odiara al pulgar porque están situados en oposición, siendo que el complemento de éste es absolutamente necesario para poder asir cualquier cosa material; así de estúpida y antinatural es la violencia entre el hombre y la mujer, sea quien sea que la ejerza. Esa persona trastornada solamente externaliza sus incomprensiones, su pobreza interna, su mediocridad, su desintegración y sus conflictos íntimos no resueltos.

Del mismo modo, la mujer también posee un Sol y una Luna, lo que dependiendo de su ubicación en la Natal dichas influencias la volverán más masculina o más femenina, siendo esto muy natural y no por ello, condenable.

El Sol en ambos géneros será interpretado con el rol del padre, y la Luna, con el rol de la madre, y según cómo se encuentren ubicados en la Natal, así será la relación que siente el individuo hacia esos potenciales materializados e identificados en las personas de la madre o en el padre. Así es como la persona “ve” a su padre y a su madre, así los siente, no importa cómo sean ellos en la realidad y así los integrará en su medida sin saber que justamente los ha elegido para heredar sus potenciales.

La Psicología denomina, a ese sentimiento en la mujer hacia el hombre, como “la envidia del pene” por el ancestral poder mítico que se le ha asignado al mismo, dado que es el hombre quien tiene el atributo de penetrar a la mujer y fecundarla. El hombre debería ser, entonces, motivo de admiración para la mujer en reemplazo de dicha envidia.

Como se ve, ambos sexos se envidian inconscientemente el uno al otro en función de lo que no poseen, en lugar de felicitarse a sí mismos por lo que sí poseen y dar la bienvenida al otro que lo complementa. Cuando en la personalidad de alguien se presenta un desequilibrio, estos sentimientos inconscientes se expresan como desencuentros entre ambos sexos en lugar de ser asumidos felizmente como elementos de complemento.

En verdad, la idea debería entenderse como: “yo te doy lo que tú no tienes, tú me das lo que yo no tengo, y por eso nos necesitamos, buscamos ayudarnos y nos amamos” o bien “nos admiramos uno al otro por lo que el otro tiene y eso hace que nos respetemos y nos amemos, valorando la capacidad de crear que tenemos cuando nos unimos”. Pero lamentablemente, no siempre se comprende así.

En cualquier persona, hombre o mujer, un Sol con problemas en la Natal implica dificultades para asumir su parte masculina, así como una Luna con problemas será índice de inconvenientes en asumir su parte femenina, lo que se materializará con ciertas dificultades de trato con el padre o con la madre, o con ambos, y luego se proyectará hacia la pareja.

El Sol en una Natal nos señalará, no cómo ES el padre del individuo sino COMO el individuo VE a su padre, lo mismo la Luna con respecto a la madre, por eso dos hermanos no tendrán el mismo concepto respecto de sus padres aunque éstos sean los mismos para ambos.

Cuando la persona tiene integradas ambas partes de la forma más apropiada, posiblemente su autoestima o su ego se encuentren tan equilibrados que no se le presenten dificultades y adicionalmente, el porcentaje de envidia será menor o prácticamente nulo porque ella misma se halla tan complementada y feliz en sí misma que no sentirá necesario fijar su atención en otros, sean lo que sean y tengan lo que tengan.

Por otro lado la mujer sentirá internamente y a veces tan secretamente que no lo percibe ella misma, cierta envidia de la independencia y de la fuerza masculina, así como del poder y la libertad que ello significa, en cuyo caso podrá reaccionar tanto con admiración y atracción cuando está en equilibrio como con resentimiento y desagrado cuando no lo está, hasta con la necesidad de sentir deseos de agresión hacia el hombre, como en el caso de las feministas recalcitrantes.

La envidia puede resultar transitoria o funcional. En ciertos momentos la persona puede sentir este sentimiento en una ocasión hacia alguien en particular (transitoria) o bien, en forma permanente (funcional) cuando está incorporado ya como rasgo de su personalidad; caso como la envidia al otro género, o un fastidio permanente por tal clase de situación o tipo de personas.

Es curioso que los individuos presenten cierto resentimiento hacia determinadas actitudes típicas que son las características de un Signo astrológico en particular (rechazo a los Aries, a los Géminis, a los Escorpios, etc.), lo que señalará un desequilibrio fácilmente detectable en la Natal y que puede ser tratado con terapia haciendo que la persona entienda la situación que genera ese problema encontrando una respuesta beneficiosa y con tratamientos con Flores de Bach, que lo conducirán hacia su centro hasta dejar de lado los resentimientos y fastidios.

La persona reaccionará en contra de aquello que se le muestra como un espejo, notando cierto fastidio aunque ella asegurará que eso no tiene nada que ver con ella, y que por el contrario, eso le desagrada y de ningún modo ella permitiría que eso estuviera incorporado en su personalidad.

Así, por ejemplo, la persona declarará que rechaza la violencia cuando en realidad, existe en ella cierta violencia interior desconocida para sí misma debida al desencuentro o a la desarmonía que se observa gráficamente en la Carta Natal entre sus potenciales respectivos al tema, pero pondrá su atención en las actitudes de los demás como reflejo, porque le están mostrando sus propios desencuentros internos.

Irónicamente, esto resulta algo parecido a lo que suele leerse publicado en el Face: “Hagamos una cadena de este mensaje que pide que no haya más cadenas de mensajes”. Cuando recibo esta clase de mensajes respondo que lo cumpliré y que por lo tanto no compartiré dicha cadena…

La otra forma de asumir la envidia es lo que comúnmente se denomina “la envidia sana”.  Esto consiste no en un rechazo sino en un estímulo positivo hacia lograr algo similar a lo que la otra persona tiene y nosotros vemos que no tenemos. A veces esto se manifiesta abiertamente como al decir: “No sabés cómo envidio ese trabajo tuyo”. En realidad se trata de modelar sanamente la actitud del otro en lugar de condenarla.

O por ejemplo, en lugar de fastidiarse porque el otro compró un auto nuevo, la reacción ante ese hecho entusiasma y motiva a la persona a hacer los esfuerzos necesarios como para lograr finalmente también tener su propio auto nuevo, con gran satisfacción en lugar de resentimiento porque no lo tiene. En este caso la persona ha logrado ser estimulada positivamente gracias a la observación hacia lo que posee su vecino.

En las técnicas de marketing, utilizaremos la proyección de la imagen al observar al otro de forma que constituya un modelo positivo al cual deberemos acoplarnos en lugar de sentir rechazo. Adoptar y adaptar es uno de los secretos del éxito.

La actitud constructiva hará de esa energía una potencialidad funcional que puede impulsar a la persona a elevarse, mientras que la actitud negativa será expuesta en ocasiones como similar al Síndrome de Procusto, ya tratado en este blog: EL PERVERSO SÍNDROME DE PROCUSTO https://www.elsenderodelser.com.ar/2018/02/06/el-perverso-sindrome-de-procusto/ mostrando la permanente disposición de nivelar a los demás hacia abajo en lugar de motivarse a crecer.

Cuando la envidia es exteriorizada de alguna manera visible, revela una cierta incapacidad interior a veces reconocida pero no confesada, o una baja autoestima; pero lamentablemente la persona no toma en cuenta que nunca será capaz de lograr aquello que envidia si lo mira como reprochable o como que no es capaz de lograrlo.

La envidia “sana” puede transformarse en admiración y ello conducir a una mirada de interiorización con el fin de mejorarnos y el propósito de elevarnos hacia ese ideal, lo que dependerá de nuestra actitud hacia esa envida “sana”. De otro modo, la persona se vuelve víctima inconsciente de su propia envidia y sufre sus efectos, que con los años, se trasladarán a su salud y a su temperamento, por la circulación en la sangre de un exceso de la hormona corrosiva llamada Cortisol, que es la hormona del stress, y que tal como sabemos, terminará perjudicando a su sistema nervioso.

Es común que se envidie en el otro sus mejores cualidades, sus bienes, sus metas, su apariencia, sus condiciones sociales, su éxito; de esta manera incorrecta, siempre se envidiará el logro de otra persona autopostergándose en vez de imitar su esfuerzo para haberlo logrado. De ese modo, en lugar de mirar hacia el propio interior que es la única forma de crecer, se pone la atención afuera y se pasa por alto la propia valoración en lo que el individuo mismo tiene como recursos y potenciales genuinos.

He observado que muchas personas salen de la consulta astrológica algo confundidos porque toman conciencia de lo que muestra su Carta Natal en cuanto a la posesión de sus potenciales y posibilidades, características que nunca habían siquiera sospechado que poseían y por lo tanto, ignoraban ciertas energías y capacidades que nunca ejercieron en su propio beneficio, así como vocaciones de las que disponen, todas ventajas que les pueden proyectar hacia metas que nunca se les ocurrieron.

A veces alcanzan a percibir estas cualidades, pero no le dan la magnitud que realmente tienen y no las explotan en su totalidad; como por ejemplo, tuve el caso de una consultante en que su Natal mostraba excelentes cualidades y vocación para ser cirujana estética, pero ella se conformó con ser una exitosa vendedora de cosméticos.  Otro caso es alguien conocido que siendo un excelente enfermero especializado, hoy se arrepiente de no haber estudiado para médico, siendo que la vida le ha demostrado que tiene la habilidad, la vocación y las condiciones para ello.

No deberíamos compararnos con los demás porque siempre encontraremos a alguien más hábil, más exitoso, más popular que nosotros, a quien miraremos hacia arriba, siendo que esto solamente debería significar un estímulo a crecer en lugar de ser motivo de envidia.

Recuerdo las películas en mi infancia en cuanto a la búsqueda eterna de los cowboys batiéndose a duelo para demostrar quién era el mejor tirador, en lugar de convertir esa habilidad en algo más productivo que esa actitud competitiva que tarde o temprano, los llevaría a encontrar la muerte.

Este principio también se representa en el espíritu de los Juegos Olímpicos al convertir las antiguas batallas entre nativos de tal o cual país en un juego donde se enfrentan las destrezas en una competencia pacífica sin necesidad de tener que demostrarlo a través de una guerra sangrienta y destructiva.

Tal vez de esa forma se pueda transformar la envidia o el sentimiento de inferioridad o superioridad, ambos desequilibrios internos de las personas, en un enfrentamiento deportivo en el que la energía se canalizará con entusiasmo hacia algo más positivo, que permite a su vez, la esperanza para el perdedor de que pasados unos años, volverá a tener la oportunidad de ser el vencedor.

Cuando la envidia es comprendida y asumida como algo natural permite emplear esa gran energía en la motivación para autoproyectarse, y entonces una vez estabilizados los descontroles del ego, puede conducir a la persona hacia la excelencia en lugar de ser arrastrada a la pena, la furia y la enfermedad.

La envidia produce en la sangre ciertos mensajeros químicos, hormonas, que transportan el mensaje equivocado. Para evitar estas sensaciones atrofiadas se deberían contrarrestar dichos mensajes y cambiar las señales a otras que sólo traigan las buenas noticias. Se trata de una cuestión de protocolos, es decir, de cambios en los parámetros referidos que utilizamos para vivir.

El buscar beneficios mediante el ejercicio físico, el buen descanso, la relajación y el yoga, la mejor compañía, el aire libre y el contacto con la naturaleza, además de la alimentación libre de toxinas tal como las que contienen la carne y los alimentos artificiales, encontrando momentos para convivir con nuestras personas queridas, y también alimentando la faz espiritual, se puede hacer que esos “mensajeros” transmuten los mensajes en forma positiva para nuestro organismo y se produzcan otras hormonas que ayuden a combatir ese malestar producido por la envidia.

Valorar y respetar a los que tienen aquello que nosotros no tenemos, nos ayuda en el camino de lograr salir de esa situación penosa de sentirnos inferiores y ayuda a crear una imagen positiva que nos beneficie. Por ejemplo, el que envidia y se retuerce en su resentimiento contra el que es rico, jamás llegará a serlo de ningún modo porque se lo está negando a sí mismo al considerar inconscientemente que tal categoría es despreciable.

De esa forma está enviando permanentemente a su inconsciente el mensaje de que eso no es bueno, que es reprochable, y así, su inconsciente jamás colaborará a colocarlo en esa situación “indeseada”, o sea, nunca le permitirá aprovechar las oportunidades para ser rico. Él se negará a sí mismo llegar a esa posición, postergándose indefinidamente a alcanzar algo que le sería beneficioso pero que detesta por sentir envidia.

En otros artículos menciono las formas y actitudes apropiadas para evolucionar en todos los sentidos, y allí menciono la inconveniencia de considerar a los demás como antagónicos y adversarios, siendo imperativo eliminar la competencia con otros y en su lugar, transformarlos en aliados y compañeros de lucha para lograr objetivos conjuntos superiores.

Comercialmente, para dar un último ejemplo, cuando las fábricas de automotores observan que uno de sus competidores está por lanzar al mercado un modelo nuevo y distinto, inmediatamente se ponen en marcha hacia diseñar otro modelo similar que pueda competir en el mercado automotriz con el primero, para no perder hegemonía y a su vez, ofrecer variedad al consumidor.

No se quedan mirando enfurecidos los éxitos de los otros. Es más, he observado que antiguos competidores hoy se intercambian piezas y proyectos en secreto; General Motors le compra por ejemplo, tableros a Ford porque le sale más barato que diseñarlos, puesto que el beneficio de todos hace al beneficio de cada una de sus partes integrantes.

Esto significa comprender el éxito de una inteligente colaboración, lo que deberíamos adoptar personalmente como ejemplo en lugar de una estúpida confrontación liderada por la envidia o por una rivalidad irracional.

De esta forma, adoptar y adaptar se convertirán en las mejores herramientas para sobresalir, y automáticamente reducir nuestros niveles naturales de envidia hacia una mejora personal.

Estos sentimientos malsanos deberían ser sustituídos por admiración, respeto y la adaptación de los correctos modelos y actitudes positivas a fin de superarnos y así erradicar ese sentimiento perjudicial que conspira contra nuestra evolución y nuestra salud. Siempre deberíamos recordar que la envidia significa pérdida de energía e inspira odio y rechazo, pero el amor inspira acercamiento, beneficio, unión y sobre todo, bienestar.

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