EL CAMINO A LA MAESTRÍA

Se cuenta que cuando los dioses del Olimpo quisieron esconder la Verdad para que el hombre no pudiera encontrarla, la colocaron dentro de su mismo ser, lugar donde supusieron que ningún hombre se le ocurriría buscar. Pero estos aprendices subestimaron al ser humano, y he allí cuando éste comprendió que podía llegar a ser un dios más por encima de estos dioses.

Algunos ejemplares humanos inspirados emprendieron una cruzada para encontrar esa verdad, y pudieron hallar el camino hacia ella; a ese camino se le llama justamente “El Camino a la Maestría”.

Éste fue dado en llamar también “el Sendero Angosto” y muchos creen haberlo encontrado. Lo de “angosto” es porque hay muy pocos que se disponen a recorrerlo siendo que la inmensa mayoría de las personas busca el camino tipo autopista donde no tiene mayores escollos que enfrentar y donde piensa que puede ir más rápido.

Pero en realidad, el Sendero Angosto tiene una disponibilidad especial: cada uno puede marchar a su manera siendo que en la autopista todos tienen que marchar a la misma velocidad, dirección y sentido. En este Sendero, cada quien puede avanzar a su forma, como mejor puede, aprendiendo a su tiempo y saboreando sus pequeños logros mientras disfruta el paisaje, que el que va por la autopista no puede apreciar porque tiene que estar atento al tránsito.

La forma de comprobar si realmente uno se encuentra en ese Sendero es simple, basta sólo con responderse con honestidad ciertas preguntas. Dichas preguntas, que por ejemplo yo me hago constantemente a mí mismo a fin de constatar si no me he desviado, son las que sugeriré a fin de ayudar a los buscadores.

1 – ¿HACES LO QUE HACES POR AMOR?

Todos hacemos lo que quiera que hagamos por un propósito determinado, siempre. Algunos por un fin económico, otros por rencor, otros por conveniencia, otros lo hacen por nada. ¿Por nada? ¿Es que acaso estoy dejando mi experiencia y mi conocimiento en este artículo, simplemente por nada?

No, el fin buscado en este caso es obtener cierta satisfacción al compartir los frutos obtenidos. Dar sólo por la satisfacción personal de dar. Eso se llama brindar por amor. Eso nos lleva a la pregunta que deberíamos hacernos en todo momento, cuando pensamos en hacer algo. ¿Por qué estamos pensando en hacer ese algo? ¿Por qué hicimos aquello en aquella ocasión? ¿Lo hicimos por amor o por otro propósito menor? ¿O tal vez lo hicimos por rencor, por envidia, por ira, por frustración, por resentimiento, por negación?

De allí entonces:

¿Lo estás haciendo verdaderamente por amor o es otro el deseo que te guía? Cuando aprendes a hacer todo mirándolo desde el amor, con esa intención, puedes estar seguro/a que te encuentras transitando por el Sendero Angosto, hacia la Maestría personal.

2 – ¿MIRAS MÁS HACIA ADENTRO O HACIA AFUERA?

Es costumbre que todos dirijamos nuestra atención hacia las actitudes de otras personas que nos hacen sentir molestos. O también es normal que cuando alguien nos llame la atención por algo, inmediatamente devolvamos la estocada haciendo referencia a lo mismo o bien a otra cosa que la otra persona hace que a nosotros nos parece mal. Así podemos estar creyendo que nos defendemos, siendo que en realidad, el daño resultante siempre será hacia nosotros mismos.

Es decir, miramos hacia afuera. Cuando pregunté a mis Guías sobre la forma de evolucionar y convertirme en mejor persona, me respondieron alegremente “mirando más hacia adentro de tu ser que hacia afuera”. Entonces, otro tip para verificar si estamos en el camino es:

¿Estás mirando hacia adentro de ti, o sólo buscando errores en los otros, allá afuera?

3 – ¿CUÁNTO TE AFECTA EL APLAUSO DE LOS DEMÁS?

Muchas personas reaccionan indignadas cuando son insultadas; por el contrario, la reacción opuesta es la de agrado cuando son aplaudidos. Así, esas personas buscan el reconocimiento de sus semejantes y su estado de ánimo suele reflejar si lo han encontrado o no.

Hacen muchas cosas y dan lo mejor de sí en busca de ser aceptados y valorados, mientras que otras personas que los observan mantienen sentimientos distintos sobre ellos: algunos los admiran, otros los menosprecian, mientras que otros simplemente se dan cuenta que los primeros carecen de suficiente autoestima y por eso buscan el agrado en los demás de forma de comprenderlo como: “si me aplauden y me reconocen, entonces tiene que ser porque soy bueno en lo que hago”.

Un viejo proverbio español reza: “Si el sabio desaprueba, es malo; si los necios aplauden es peor”, por lo que la magnitud de los aplausos no necesariamente significan que estamos transitando por el buen camino. Por lo tanto, entonces, la dependencia de la opinión ajena no es buena consejera.

Por otro lado, las opiniones adversas NO SIEMPRE van a ser manifestadas con la misma espontaneidad, por lo que siempre estadísticamente vamos a estar errados en la apreciación, dado que estas opiniones burlonas, antagónicas o descreídas solamente van a circular a nuestras espaldas. Por eso, el aspirante a Maestro ya ha aprendido que:

“No sirve que te alegres cuando te alaban ni tampoco que te deprimas o te enojes cuando te rebajen o te insulten”, es decir, tu estado de ánimo no debe depender de las opiniones ajenas. Si has logrado ya esto, entonces es seguro que has encontrado ya por donde va el Sendero Angosto.

4 – ¿TE VIGILAS RESPONSABLEMENTE?

Muchas personas creen que la forma de corregir sus vicios de conducta (prefiero llamarlos así, en lugar de malas costumbre) es algo sumamente complicado y hasta imposible. Por el contrario, la forma apropiada de hacerlo es vigilarse, poniendo atención en todo momento a lo que se dice o se hace, con la intención de juzgar si ha sido afortunado o no, y sobre si los resultados obtenidos han sido los más beneficiosos para todos.

Un caminante que transita el Camino Angosto debe ser siempre un guerrero, pero no contra los demás sino un implacable juez de sus propias acciones y expresiones, con el firme propósito de reconocer los errores y corregirlos en la medida que sea posible, hasta con el tiempo, eliminarlos por completo. Entonces, otro indicio que te señala si estás correctamente orientado es vigilarte con el fin de corregirte, no de culparte ni de castigarte; una persona sana y equilibrada no se autocastiga, se acepta, pero se propone firmemente corregirse, no importa el tiempo que le lleve. Y más que por los demás, lo hace por sí mismo.

5 – ¿CONOCER ALGO NUEVO TE HACE SENTIR MÁS SABIO O MÁS HUMILDE?

Hay personas que cuando comprueban que conocen algo más allá que lo que la mayoría desconoce o ignora, creen que han escalado posiciones por encima de los otros y eso los hace sentirse orgullosos de haber obtenido ese conocimiento que los diferencia.

Conozco bien a esas personas y los veo, por ejemplo, diariamente en la Universidad. Y son motivo de mi compasión, dado que son altamente instruidos pero profundamente ignorantes y desconocedores de por donde están caminando.

Cuando el conocimiento que adquieres te hace sentir pequeño al darle la insospechable magnitud a todo lo que deberías aprender respecto de la vida, entonces estarás copiando la sabiduría de Sócrates en su célebre frase “sólo sé que no sé nada”, muy utilizada actualmente por mí y por mis compañeros de facultad… ante los exámenes exigentes de las materias (ironía).

En realidad, Sócrates no se redujo solamente a eso, pues su frase completa fue: “Solo sé que no sé nada y, al saber que no sé nada, algo sé; justamente porque sé que no sé nada” indicando que había comenzado el camino del aprendizaje, con humildad pero con conciencia. Los que no saben que aún no saben nada porque piensan que ya lo saben todo, no conocen que existe un Sendero Angosto.

Entonces, cuando sientas alegría, agradecimiento y humildad por adquirir un nuevo conocimiento, en lugar de soberbia, sabrás entonces que estás ubicado ante el Sendero Angosto que conduce al Conocimiento Total, o en otras palabras, a la Mente del TODO.

Y lo más maravilloso de ello es que entonces más conocimiento te llegará, porque quien cree que ya ha llegado se ha detenido en el camino por el convencimiento que no hay un más allá, y nunca podrá vislumbrar su inalcanzable final.

6 – ¿COMPARTES LIBREMENTE TUS CONOCIMIENTOS?

No se pueden compartir libremente los conocimientos adquiridos. Cuando era muy joven en mis 17 años, ya era aprendiz de misticismo. Cada nueva verdad que me iluminaba, era motivo de mi alegría al querer compartirla con otras personas cercanas, las que muchas veces me observaban con estupor ante lo que ellos interpretaban como “desvíos mentales”, ante mi decepción y frustración (en ese entonces me decepcionaba y me frustraba, por ignorancia).

Hasta me ponían sobrenombres ofensivos que poco a poco yo lograba descubrir; esto me traía mucha tristeza hasta que un día comprendí que cada quien tiene su tiempo de aprendizaje y en realidad, en vez de estar yo ayudando a su desarrollo, los estaba perturbando e interfiriendo, y entonces, tenían cierto justificativo de reaccionar con fastidio y burla ante mis sanas pero fastidiosas intenciones para con ellos. No eran sus tiempos y yo estaba cometiendo un error al interferir fuera de contexto.

Más tarde aprendí que “los labios del maestro no deben abrirse hasta que se hayan abierto los oídos de sus discípulos”, y en este caso, ellos no habían pedidos ser mis discípulos porque tampoco sus oídos estaba abiertos a estos temas.

Más aún, comprendí luego que estaba en cierta forma profanando y faltando el debido respeto a esos mencionados Conocimientos, además que no estaba respetando el libre albedrío de mis compañeros.

Éstas son las razones de que muchos de estos conocimientos son secretos y explico así el porqué no se puede abrir libremente el Libro Sagrado para todos, puesto que no todos querrán leerlo ni lo comprenderán y además, se burlarán y hasta lo profanarán.

Esto no significa que sea lícito conservar conocimientos frente a aquellos declarados abiertamente a querer absorberlos; observo a ciertos profesores en mi carrera que pudiendo hacer más sencillas las explicaciones a sus alumnos, propositalmente las niegan o las vuelven difíciles para tener sus “preguntas mortales” en los exámenes finales. Eso es la muestra más evidente del egoísmo y sobre todo sin saber, están exponiendo públicamente su mediocridad, tal como en el caso del Síndrome de Procusto, artículo expuesto en este mismo blog.

7 – ¿AYUDAS EN LA COMPRENSIÓN A QUIEN PIDE COMPRENDER?

El Maestro Jesús no solía responder abiertamente cuando era preguntado. Siempre lo hacía mediante una parábola o una respuesta que motivaba al supuesto buscador a seguir buscando y de ese modo hacer suya la enseñanza mediante un cierto esfuerzo que la convalide o bien, a encogerse de hombros y seguir permaneciendo en la oscuridad de la duda por comodidad o estrechez.

Por ejemplo, durante un tiempo no logré comprender la frase que Jesús dijo a su flamante discípulo cuando éste declaró: “Me gustaría seguirte, Maestro, pero lamentablemente están velando a mi padre recién muerto y debo permanecer junto a mi familia”. En esa instancia, Jesús le respondió simplemente: “Deja a los muertos que entierren a sus muertos y sígueme”.

En un principio no logré comprender esta frase, “los muertos que entierren a sus muertos”. Pero luego descubrí que Jesús llamaba “muertos” a aquellos ciegos que no podían ver la realidad de la vida y los principios de Su Doctrina, diferenciándolos del alma “viva” del discípulo que había sabido ver en Jesús a un verdadero Maestro.

Debo advertir, en una frase cuyo contenido vuela mucho más allá que el resto del artículo, que estamos actualmente en la Era de los Falsos Profetas, anunciada por el Maestro, y que ellos mediante sus embustes buscan manipular y guiar al rebaño al matadero, para obtener los fines de los siniestros seres oscuros en su macabro plan de someter a la Humanidad, plan que desde ya les advierto que les fallará, porque por un lado los lobos han subestimado las habilidades de muchas ovejas, y por otro, se han detenido en su pretendida superioridad porque creen que ya han llegado.

A todo aquel que le resuene esta última declaración, lo invito a seguir buscando y a aprender a discernir identificando a los lobos con pieles de oveja: es sencillo, ellos utilizan la tentación de lo material, tal como el Príncipe de la Mentira dijera a Jesús en el desierto: “Sígueme y todo esto será tuyo” y si se lo hubiera dicho al Profesor Leo, éste de inmediato lo hubiera mandado a donde ya sabes, pero evidenciando mucha mayor sabiduría, Jesús sólo le respondió humildemente: “No es esto lo que he venido a buscar”. Allí puede verse la diferencia entre un Maestro y un aprendiz en el Camino.

En resumen, de esta forma, sin necesidad de que cumplas con todos estos requisitos, tan sólo con uno de ellos que puedas identificar en ti mismo/a o en otra persona, es un índice de que estás abierto/a, o esa otra persona está abierta al Camino Espiritual, no importa el punto exacto en que se halle. El Camino Espiritual no tiene fin y eso hace que todos los que nos encontremos buscando en él, más avanzados o no tanto, seamos Hermanos de la misma Sed: sólo acercarnos por amor a nuestra Fuente de Luz, el TODO.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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