¿QUÉ PASA CUANDO NO PUEDES CON TODO?

Perséfone se acercó a observar con mayor detalle a aquella flor llamativa, que nunca había visto antes a pesar de que su madre, Deméter, era quien se ocupaba de que la Naturaleza floreciera, prosperara y abundara. Ella había crecido deleitada por las tareas de su madre, en un ambiente de paz y felicidad al disfrutar de los prados más hermosos, las flores más bellas, las frutas más extrañas y la compañía de seres elementales que la divertían y le hacían compañía.

Pero en su caminata distraída por esos jardines naturales, le llamaron la atención los colores y el perfume embriagante que le llegaba de aquella extraña flor, el narciso; se detuvo un momento a admirarla, pero de pronto se abrió la tierra a sus pies y de allí brotó el rey del infierno, exhibiendo su energía poderosa y paralizando a la desprevenida Perséfone ante tal aparición.

Ella quedó como fascinada ante esa muestra inesperada de aquello que no comprendía y que le producía por un lado miedo pero por otro, una curiosidad acerca de lo que percibía, que le impedía huir y la mantenía con los pies clavados en el suelo. Además de la aparición, había en el fenómeno algo tan extraño, sutil e invisible que nunca antes había conocido.

El ser humano posee una energía de un tipo especial dentro de sus potenciales; salvando las distancias, se trata de una energía de las mismas características que la energía atómica. Esa energía humana puede utilizarse del mismo modo para el bien o para el mal, como la atómica que se emplea para alimentar una central capaz de iluminar a una ciudad entera o bien, para producir una detonación tan poderosa que reduzca a cenizas en un instante a esa ciudad junto con todos sus habitantes.

Esa es una energía sumamente sutil pero invasiva que está vinculada con el Inconsciente Colectivo de la Humanidad y en Astrología la denominamos como ENERGÍA PLUTONIANA. Es tan sutil, tan poderosa y de tan alta vibración que ni la misma persona que la emana es capaz de percibirla, a pesar de que se hace sentir en los demás.

Cuando se hace uso de esta energía se afecta tanto la propia existencia como la del entorno, porque se está manipulando un poder inconsciente que pertenece al colectivo traspersonal humano, aunque afecta más a aquellos con quienes el emisor se contacta.

Tal como a Perséfone, esa radiación inspira una misteriosa fascinación pero también miedo y paralización, pues se trata de una energía que puede dar vida pero también puede dar muerte; para ser más precisos, es la energía que transforma, que da muerte para luego dar nueva vida a los procesos y aún, a las personas.

Si observamos, el calificativo “plutoniano” proviene de Plutón, el mítico rey del Hades (el infierno) que en el mito griego hizo aparecer a un narciso desde las profundidades de la tierra, manipulando la ingenuidad de Perséfone para atraparla y someterla a sus deseos. El Plutonio es un material radioactivo que se desarrolló en el siglo pasado, y que puede utilizarse como combustible de los reactores nucleares.

Es decir, en palabras comunes, que se trata de un poder intenso e infernal; un poder que subyace en lo profundo del ser humano y que lo posee, lo domina, lo embriaga. Esta clase de energía también se relaciona con el poder de las grandes corporaciones, de las organizaciones mafiosas, de los armamentos nucleares y que significa algo así como “YO PUEDO CON TODO Y POR SOBRE TODO”, con la fuerza agresiva que no admite ninguna discusión en la persecución de sus propósitos.

La energía plutoniana es tal como la radiación del Plutonio: invisible, poderosa, tóxica, mortal, prácticamente incontenible y omnipotente. En el mito, Plutón resultó ser el primer violador de la historia ya que raptó a Perséfone, abrió la tierra y en su carro llevado por corceles negros, la arrastró hacia las profundidades de su reino, donde, obviamente por la fuerza la hizo su esposa.

Este mito nos ilustra sobre la fuerza plutoniana: no pregunta ni solicita; obliga, pretende dominar, se enfrenta a lo que sea, se apodera de lo que desea, invade, viola, controla, aniquila, arrasa. Un poder similar es el que ostenta el plutoniano, aquella persona que tiene fuertes componentes energéticos debido a una posición especial en su Carta Natal de la impronta del planeta Plutón.

Si bien todos tenemos en nuestras Natales la influencia de Plutón, algunas personas y algunas generaciones presentan disposiciones geométricas particulares que potencian mediante esta energía, sus capacidades de acción. Cuando la persona se deja dominar por su propia energía plutoniana pierde el control y se desespera porque lo único que le resulta importante es dominar la situación y hacerse dueño de lo que pretende.

Pero además con un gran temor de que se encuentre una negativa o un impedimento porque siente que si no lo consiguiera le fuera su vida en juego. Y en ese caso sabe que va a reaccionar mal, causando un daño irremediable del que luego se va a arrepentir.

El plutoniano suele huir de estos enfrentamientos porque ya se conoce y sabe que cuando se descontrola, pierde la conciencia de los límites, y como Plutón también representa a la muerte, sabe que sentirá la necesidad de matar y destruir a lo que se le opone aunque tiene en claro que tal reacción es extrema y negativa para él y para los demás, pero aún así no puede evitarlo.

Plutón tiene regencia, es decir, afecta fuertemente a los Signos de Escorpio principalmente, y también en menor medida a Leo. Estos nativos sienten una sensación de ahogo, claustrofobia y muerte (tal como Perséfone cuando fue secuestrada) cuando alguien les dice que no y recién cuando comprenden con la edad lo malsano de su conducta, intentan moderarla y buscan alguna forma de controlarla o desviarla, aunque siempre permanece escondida en el fondo de su personalidad y asoma provocando daño al otro, y también en ocasiones a sí mismos en su esfuerzo de no dañar a la otra persona.

Existe un conocido cuento que representa claramente lo descontrolada que resulta esta energía del poder. Un escorpión llega a la orilla de un río escapando de las llamas del bosque que avanzan hacia la costa, y se encuentra con un sapo que está a punto de saltar al agua. Inmediatamente ve en el sapo la oportunidad de escapar del fuego y le pide que lo lleve en su lomo hasta la otra orilla, para no morir quemado.

El sapo se niega y le responde que si él se prestara a eso estaría expuesto a que el escorpión lo picara y lo matara con su veneno. Pero el escorpión, muy razonablemente le dice que eso no podría ser porque si él lo picara de muerte, ambos morirían en el agua. Al final, el sapo decide creerle y lo lleva en su lomo a través del río caudaloso cuyas aguas presentan un oleaje que pone muy nervioso al escorpión.

De pronto, alienado por su desesperación y el miedo a la muerte, el escorpión lanza su cola venenosa y clava su aguijón en el lomo del sapo, quien herido de muerte le alcanza a preguntar:

– ¿Qué hiciste, insensato? Ahora moriremos ambos… ¿Por qué lo hiciste? Y el escorpión le responde:

– Lo lamento, no pude contenerme, está en mi esencia…

“Yo tengo que poder”, “es más fuerte que yo”… “Yo no puedo… NO PODER” es lo que siente el plutoniano y si realmente llega a pasar que no puede, esa energía que pudo iluminar una ciudad, termina destruyendo a la ciudad.

La sensación de impotencia del plutoniano es peligrosa, ya que le resulta incontrolable y puede llegar a ejercer su deseo por la fuerza o bien, asustado de su propio poder y de no poder controlarlo, la dirigirá internamente hacia sí mismo, lo que a la larga lo enfermará sin recuperación.

Sabemos que el escorpión, al verse acorralado, en su impotencia se suicidará clavándose  a sí mismo su aguijón y morirá retorcido por su propio veneno.

No es casualidad que el cáncer, una enfermedad que produce tanta devastación e impotencia en la persona, esté originada por estos procesos internos y que paradójicamente sea tratada con radiación de Plutonio. El Plutonio es utilizado como elemento para contrarrestar los efectos de Plutón.

Esta información nos conduce a una seria reflexión, que tal vez puede salvarnos la vida en el caso de experimentar tal “omnipotencia”. No tenemos la obligación del “tengo que poder con todo” ni tampoco tenemos el derecho de “tengo poder por sobre todos”. Si tan sólo aprendiéramos a relajarnos y bajáramos los brazos por un instante ante una de estas situaciones y aceptáramos observar aterrados lo que puede suceder, veremos que en definitiva, no pasa nada.

La vida fluye, y lo mejor es que aprendamos a fluir con ella; es como quien se cae a un río que corre con fuerza. Lo mejor es dejarse llevar atentos a ver cuando se presente la posibilidad de arrimarnos a la orilla, tomarnos de un tronco que flote, o esperar flotando a recibir ayuda, lo que sea pero NUNCA intentar nadar contra la corriente, porque nuestras fuerzas se agotarán tarde o temprano y ya no podremos sostenernos a flote.

Como ya he mencionado en otros artículos, Eclesiastés 3:5 “…hay un tiempo para abrazar y otro para rechazar los abrazos…”. No siempre se puede con todo ni siempre todo puede conseguirse. Deberíamos aprender a reconocer esos tiempos en que se puede y entonces aplicar prudentemente nuestro poder, y también reconocer los tiempos en los que no se puede y debemos abstenernos. La Numerología lo indica claramente: hay años para avanzar, años para cosechar, años para cuidarse, pero también años para solamente sembrar, y años para nada más que dejarse fluir.

Hay meses en los que hay muchas cosas que cada persona, individualmente puede encarar con éxito mientras que en otros, hay que flotar en el remanso. Esto lo indican claramente los estudios Numerológicos que brindo a mis clientes como servicio de asesoría.

Queda definido entonces, que no siempre “debemos poder”, sino que hay un momento ideal, diario, mensual, y anual en que con el mínimo esfuerzo se pueden lograr los máximos resultados. Lo importante es que tomemos conciencia de que tanto “poder” como “no poder” no tienen ninguna importancia para la vida; de que a veces ese “tengo que poder” nos da utilidad y otras, nos trae severos problemas porque cuando no podemos, a pesar de que hemos hecho nuestros mejores esfuerzos “para poder”, se da lugar a la frustración, y la frustración es una emoción fuertemente negativa y peligrosa para nuestra salud cuando no sabemos cómo manejarnos con ella.

Otras veces, “poder” excesivo significa avanzar por sobre los demás. Avanzar independientemente de lo que avanzan los demás es lícito, pero no lo es avanzar POR SOBRE los demás, o por sobre los derechos de los demás aunque éstos no los ejerzan. Hay que ser muy cuidadoso con esto porque los resultados karmáticos a la corta o a la larga, traerán sufrimiento cuando no se contempla debidamente.

Por lo tanto, deberíamos aprender a reconocer nuestra energía plutoniana, a sentir cuando se presenta en nosotros y a no proyectarla sobre los demás ni dirigirla hacia nuestro interior: claramente advierto que esto causa cáncer, tengo a la mano decenas de ejemplos. ¿Qué motiva la enfermedad llamada cáncer? El cáncer es el descontrol de ciertas células que se agrupan y causan tumores en el cuerpo, de forma que NO PODEMOS CONTROLAR su crecimiento.

¿Qué hace en el cuerpo la radiación aplicada en la zona que contiene tumores cancerosos? Ejerce UN CIERTO PODER de destrucción sobre esas células. Como se ve, todo se trata de PODER. El poder puede dar vida pero también puede matar.

¿Por qué ciertos tumores cancerosos eliminados reaparecen en otra parte del cuerpo? Porque el individuo no aprendió que tiene que cambiar su actitud hacia la vida, DEJAR DE QUERER PODER, DEJAR DE INTENTAR SIEMPRE GANAR EN TODAS, y aunque se elimine el cáncer en un punto del cuerpo, vuelve a aparecer en otro porque la actitud de la persona no desiste en su búsqueda de poder, y la vida le enseñará por las malas que el poder sólo lo tiene ella. Y cuando ya no lo tiene, es porque se lo ha cedido a la muerte.

Irónicamente la persona experimenta que si no puede con esto o con aquello, se siente morir; entonces busca la manera de poder con ello, sin saber que esa misma actitud de no saber cuando debe ceder y aceptar, es justamente la que la va a llevar a su muerte.

Algunas personas entienden que “siempre tienen que poder” con esto o con aquello y estiman que el no hacerlo, representa debilidad. No aceptan nunca un NO. Han aprendido de alguna parte en que “siempre hay que poder”, y en realidad, siempre primero hay que aceptar, luego de aceptar llegará la comprensión y luego de comprender de qué se trata, recién entonces será el momento de actuar cuando sea posible hacerlo, o esperar la oportunidad propicia cuando aún no lo sea.

Esta actitud debe ser aprendida, por el bien de nuestra salud y de las personas de nuestro entorno. ¿No puedo ahora? Bien, no desesperar ni desistir, lo intentaré más tarde, pero sin OBSESIÓN. La obsesión está ligada al manejo del poder, y es típica de aquellas personas que buscan el poder por sobre otras personas o por sobre todas las situaciones. La obsesión, al igual que la necesidad de poder, son plutonianas. La obsesión condujo al escorpión a matar al sapo y también, a su propia muerte.

La obsesión surge de un mal manejo de la energía plutoniana y el pensamiento obsesivo es tan poderoso, que trasciende a la persona generando un campo aún perceptible en todo el planeta, como ya lo explicaré. Puedo estar haciendo una tirada de tarot, interpretando una Carta Natal, o aún teniendo en mis manos un objeto perteneciente a una persona obsesiva, que se encuentre en cualquier parte del mundo, y de pronto sentir en mi cabeza una enorme presión en cuyo caso sé que la persona en cuestión, en esos momentos está sumamente obsesionada. Se trata de la energía plutoniana mencionada que se puede sentir sin fronteras ni distancias de por medio.

El individuo cree que su obsesión está sólo en él y no es así, está ayudando a obsesionar y recargar negativamente no sólo a su entorno sino al planeta entero. Me ha sucedido al extremo que cierta persona me ha enviado un libro suyo que yo compré porque ansiaba leer pero que nunca pude ni siquiera comenzar a leer porque el solo hecho de tomarlo en las manos, ya me provocaba un insoportable dolor de cabeza. Al poco tiempo pude obtener sus datos personales para configurar su Natal, y allí lo comprendí: una buena persona, inteligente, pero plutoniana y por lo tanto, obsesiva en extremo.

Los plutonianos no comprenden porqué la gente se aleja de ellos; piensan que no los quieren y que por eso se apartan. Y no es así, sino que les resulta tan pesado soportar su campo energético cuando el plutoniano se descontrola, que huyen a ponerse a resguardo. Y como no saben en realidad de qué se trata, no se sabe porqué, no se entiende, entonces surge el miedo y la necesidad de apartarse.

Conozco a un plutoniano que no se conoce a sí mismo, a quien quiero mucho tal como si fuera mi hermano menor; he intentado explicárselo decenas de veces, pero sólo consigo que se desoriente, se encierre en sí mismo y en lugar de reaccionar, se sienta culpable. Es una buena persona pero absolutamente incapaz de comprender que en ocasiones cuando se descontrola, resulta tan insoportable y denso que espanta a cualquiera, aún a sus hijos, a sus amigos, así como ha espantado a sus parejas.

Ese campo que emite el plutoniano lo aisla y termina dejándolo solo. Es triste, pero es una lección que debe aprender en esta vida, que el poder y la omnipotencia lastiman, alejan, asustan y matan. ¿Qué hacer? Aprender a sentir cuando el reactor se enciende, y entonces, moderarlo.

Por ejemplo, un reactor nuclear básicamente consta de barras de uranio enriquecido que emite una gran cantidad de radiación y calor, y por ello, para aprovechar su tremendo poder atómico, se utiliza dicha energía para calentar agua y convertirla en vapor que mueve turbinas que sirven para generar energía eléctrica. Pero si no se controla la emisión de esa energía, se producirá una reacción en cadena entre las barras radioactivas lo que provocará una tremenda fusión nuclear.

¿Cómo se hace para controlarlas? Se emplea un líquido llamado “agua pesada”, que es simplemente agua tratada en una planta industrial especial de forma de transformar el Hidrógeno del agua en Deuterio que es un isótopo del Hidrógeno ( para que se entienda, algo así como un “pariente del Hidrógeno con ADN modificado”) y esta agua con Hidrógeno pesado, se encargará de absorber la radiación al sumergir las barras radioactivas en ella.

La energía atómica está siempre presente, pero es moderada por el agua pesada, y controlándola se obtiene gradualmente energía eléctrica en lugar de una bomba nuclear. Del mismo modo, debemos aceptar al menos, si no comprendemos, nuestro poder plutoniano para no lastimar con esa radiación, ya que es imperativo aprender a moderarla.

Fukushima en Japón es un claro ejemplo de esto; falló el control de la radiación y casi vuela todo Japón. ¿Controlaron la radiación finalmente? No pudieron, la única manera fue dejar entrar el agua del mar que así circula y enfría las barras, y de esa forma están contaminando con radiación a todo el planeta, envenenando el mar. De allí la mortandad enorme de peces que se observa lo que ellos solucionan invadiendo aguas argentinas para llevarse pescado para su alimentación.

Japón ostenta una cultura de honor, según ellos dicen, pero en realidad se trata en gran parte de soberbia y omnipotencia. Ellos se consideran los mejores del mundo, y la prueba de la represión a su exhibición de poder es que ha sido “casualmente” el país más castigado por la radiación atómica: las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y las descontroladas centrales de Fukushima (1.600 muertos y 380.000 evacuados).

Entonces… ¿Puedo con todo? A veces no, por lo tanto conviene que te relajes y dejes fluir la vida, no te desesperes porque no puedes ahora. El poder es veneno, no tomar conciencia de ello es amenazar tanto la vida propia como afectar la de los demás, porque los que más quieren a esa persona serán los que más lo sufren. ¿El resultado? Lo abandonan, y nunca le dirán porqué.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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