TAL VEZ, SI ME CORRIGIERAS CON AMOR…

Tal vez, si me corrigieras con amor cuando me equivoco, yo al final lograría amarte aún más; porque cuando estoy desorientado, es cuando más necesito de tu amor.
(Tomado de AMOR y HUMOR, 1.001 frases y reflexiones – Profesor Leo)
Todos hemos tenido (y soportado, en ocasiones) maestros y profesores en nuestra educación, primaria, secundaria o universitaria; pero éstos en su gran mayoría han servido para impartirnos instrucciones y hacer que aprendamos cifras, contenidos, procedimientos, cantidades, leyes, principios… etc etc.

Pero más allá de esa “educación”, en la que nos han enseñado a retener, a memorizar, a sacar cuentas, probablemente ninguno o tal vez algún caso rescatable, nos haya dado alguna lección de vida. Sólo la vida nos enseña cómo se vive la vida. Nuestros amigos nos enseñan a ser amigo, nuestros hijos nos enseñan a ser padres (y a veces, aún así, no aprendemos), pero en nuestro trajinar diario encontramos a muchas personas que no tienen la función expresa de ser nuestros maestros, y sin embargo, nos ayudan a aprender.

Siempre digo que no nos enseñan, sino que nos ofrecen la oportunidad de aprender, por lo tanto, depende sólo de nosotros, de cuán atentos estemos, de cuánto nos vigilemos a nosotros mismos, de cuánto estemos dispuestos a incorporar del ejemplo que nos dan todos los que se nos cruzan en la vida cotidiana.

Una vez, ante mis interrogantes, mis Guías Espirituales me respondieron, parcamente como de costumbre, pero con una sabiduría realmente sorprendente, ciertas palabras certeras que encerraban todos los porqués de mi preocupación. Ellos dijeron, simplemente: “La pareja es una gran maestra”…

Sí, tomado textualmente, esto representa una gran verdad. Pero no solamente nuestra pareja es nuestra pareja o nuestro cónyuge. Si ponemos atención, cuando compro algo, quien me está atendiendo en la venta, es mi pareja, porque está del otro lado. Cuando en el aula explico el funcionamiento de un motor a mis alumnos, ellos son mi pareja, porque están constituyendo mi auditorio y su realimentación me dice si me he explicado suficientemente, o si debo ampliar mi explicación, y si debo replantearme en mi forma para la próxima.

Lo mismo ocurre cuando estoy en mi consultorio; mi consultante, por más sencillo que sea su interrogante, me está dando la oportunidad de comprender, de ratificar, de cuestionar, de rectificar; entonces, se están comportando en ese momento, cada uno en su caso, en mi pareja, en mi “partenaire” en esta obra de teatro que es la vida.

Aún aquel que se enoja y me insulta, me critica o me maltrata, me está dando la oportunidad de aprender. Y estoy aprendiendo algo valiosísimo: cuanto más desorientada está la otra persona, más útil e importante es que sea orientada o corregida con amor. Más profundamente se hace carne el aprendizaje en esa “pareja” cuanto más amorosamente sea yo capaz de llegar a él, o a ella.

Y la sensación que ha dejado ese encuentro, es imborrable e invalorable, para ambos. Sobre todo en el consultorio, cuando inconscientemente la persona ya sabe de antemano las respuestas, por lo general, pero el asunto, tratado con comprensión y amor, dará inmejorables resultados.

Y allí entonces es cuando uno se da cuenta de lo que más está haciendo falta en este momento, es simple y sencillamente, una expresión amorosa, una palabra de aliento, de confianza, de comprensión, de orientación… pero sobre todo, pronunciada con amor.

No importa quién sea quién, en estas “parejas” ocasionales y momentáneas, cada uno se vuelve un niño que espera satisfacción y amoroso trato del otro, no importan las edades, ¡y es maravilloso ver cómo funcionan!

Eric Berne (Juegos en que participamos) lo llamaría simplemente “Transacción Directa”, al trato satisfactorio en el cual ambos interlocutores buscan comprenderse y “acariciarse” (como él dice) de forma agradable, lo suficiente como para que ambos se despidan muy contentos de haberse encontrado. Y esto ocurre todos los días y a cada rato, en todo lugar.

“La pareja es una gran maestra” dirían Ellos, el Guía Compañero tal vez, porque el Guía Protector es más severo y formal. Y lo hacen con todo el Amor con que se puede hacer desde el otro Lado del Velo… ¿Por qué no imitarlos?

Tal vez, si me corrigieras con amor cuando me equivoco, yo al final lograría amarte aún más; porque cuando estoy desorientado, es cuando más necesito de tu amor.

Bendiciones. Leo

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