¿LA RESPUESTA NUNCA ESTÁ AFUERA?

Una vez pregunté a mis Guías espirituales sobre cómo hacer para crecer espiritualmente más rápida y eficazmente. Ellos me respondieron:

“Mirando más hacia adentro que hacia afuera”

Sin embargo, no siempre puedo evitar utilizar mi raciocinio y mi acostumbrada facultad de cuestionamiento. Como en esta vez. Siempre tomo nota cuidadosa de lo que me contestan mis Guías, porque nadie mejor que Ellos para aconsejarme en pos de mi beneficio.

De igual modo, no puedo dejar de analizar el contenido de una frase de un conocido autor del que muchos se hacen eco de lo que plantea tomándolo como verdad absoluta sin cuestionar ni detenerse a discernir, repitiendo como loros sus palabras sin analizar cabalmente si se cumplen o si sólo se trata de un ejercicio intelectual sin mayores cuestionamientos. Esa frase es…

LA RESPUESTA NUNCA ESTÁ AFUERA

Pero veamos, si somos seres racionales… ¿Por qué no utilizar la razón como ejercicio?
Y preguntarnos entonces… ¿Qué es el “afuera”?
¿Cual es la razón del “afuera”?
¿Qué utilidad tiene que seamos seres sociales?
¿Para qué puede servirnos mirar hacia “afuera”?

Voy a ir aún más hacia el hueso de la cuestión, fundamentándome en conocimientos astrológicos que son universales, que se han sustentado a través de la psicología jungiana y que se conocen desde hace muchos siglos atrás.

Según la Astrología, hay 10 planetas que nos influyen, considerando a la Luna como planeta debido a su enorme influencia debido a su proximidad a la Tierra, y sin dejar de lado que la Tierra misma también nos condiciona con su propia vibración, o sea, que serían 11 en total.

Los astrólogos dividimos en tres grupos a la inducción de estos cuerpos planetarios en base a su constitución y proximidad, y a su acción sobre nuestro sistema funcional humano, a saber:

Los planetas personales, Sol (cómo soy), Luna (cómo siento), Mercurio (cómo pienso), Venus (cómo amo), Marte (cómo actúo) son aquellos que hacen a mi constitución personal, en base a cómo me comporto, a cómo actúo, ya sea estando solo o acompañado.

Estos 5 planetas me influyen de forma que puedo hacer cualquiera de las acciones mencionadas entre paréntesis aún estando solo, puedo manifestarlas ante mí mismo, no necesito a nadie que me estimule a hacerlo o a no hacerlo.

Yo decido absolutamente. Aunque también puedo exteriorizar estas acciones junto a las demás personas, que me pueden llevar a reaccionar, pero en definitiva dichas acciones dependen de mí, de mi decisión, de mi voluntad.

En el caso de los planetas sociales, Júpiter (entrega) y Saturno (retracción) sólo puedo manifestar su influencia exteriomente cuando me encuentro con otros semejantes, por eso es que los llamamos Planetas Sociales.
Para ejercitar el “te doy” o “no te doy” más allá de mí mismo, necesito a otro semejante, si bien, puedo “darme” o “restringirme” sin necesidad de otro, pero en general, son acciones con las que interactúo con los otros, con el “afuera”.

En este caso, ya el “afuera” comienza a cobrar cierta importancia por su necesidad para poder expresar una parte de mí. Difícilmente lo podría practicar estando solo en una isla desierta. No me puedo manifestar en plenitud sin tener en cuenta a ese “afuera”.

El tercer grupo, Urano (percepción), Neptuno (elevación) y Plutón (transformación) me permite también ejercitar estos potenciales en mí mismo, con cierta dificultad porque ya no se trata de procesos tan sencillos dado que son efectos casi inconscientes, muy difíciles de ver en perspectiva, pero sería mejor si aprovecho la “energía del grupo”.

Los ejercito sin saberlo (la mayoría de las veces) con el otro, mejor dicho, con los otros y además, en un todo con el conjunto de la humanidad aunque yo no esté conciente de su presencia, por lo que se llaman Planetas Transpersonales o Generacionales que rigen el inconsciente en un todo, de la Humanidad.

Cuesta dimensionar su sincronización; es típico que las personas que llegan al consultorio manifiesten paralelamente los mismos tipos de problemas o interrogantes. Ellos creen que son sólo de su vida, ignorando que en cierta forma, todos los demás estamos pasando por situaciones similares al mismo tiempo.

Ahora, por lo visto, resulta que termino siendo yo mismo una parte de ese “afuera” porque me guste o no, con ese “afuera” me encuentro integrado en medio de una red de impulsos que interactúan en forma simultánea entre sí y a los que respondo necesariamente aún sin tener conciencia de ellos.

Repasando, entonces, en el primer caso, el de los Planetas Personales, uso mis potenciales por mi propia voluntad sin necesidad del “afuera”, pero en el caso de los Planetas Sociales, éstos me condicionan y ya no soy tan libre como en el primer caso; interviene el “afuera” y no lo puedo evitar.

No puedo ejercitar estos potenciales sin un cierto grado de moderación y autocontrol porque la sociedad me condenaría y me aislaría; necesito tener en cuenta el “afuera” y acondicionar mis acciones con el exterior.
El “afuera” ahora comienza a tomar cierta importancia por su influencia en mi vivir. No puedo pasar el semáforo en rojo aunque no venga nadie a la vista, sin que algo dentro de mí, pero dependiente de las normas del “afuera”, me lo reclame.

Los Planetas Sociales me condicionan, porque siento que si cometo la infracción, aunque nadie me vea, una parte de mí lo sabe; el “afuera” y el “yo” comienzan a formar parte de una sola entidad, como elementos determinantes de mi conciencia.

En el tercer caso, el “afuera” no sólo me condiciona sino que me influye sutilmente al grado de que mis potenciales se expresan conectados con el de los demás seres humanos, actuando todos como una masa viva inconsciente que se mueve en la misma dirección y el mismo sentido.

Para que se entienda, es como el caso de una bandada de gaviotas o un cardumen de peces que se mueven simultáneamente como una sola unidad, al mismo tiempo, en sincronía perfecta, manejados por una única inteligencia y aparentemente vinculados perfectamente todos con todos.

Esto es lo que genera los hechos mundiales y los cambios en nuestra vida como integrantes de la Humanidad, que vemos como “afuera” de nosotros sin prestar mayormente atención a que somos parte de ese “afuera”.

Entonces, ese “afuera” no solamente me restringe sino que me indica una tendencia, a la que todos respondemos inconcientemente. Por lo tanto, la respuesta, a veces, también está relacionada con el “afuera”.

Volvemos a la pregunta sobre el “afuera”:
¿De qué me sirve ese “afuera”?
Obviamente la respuesta es que ese “afuera” me permite interactuar, reflejarme en él, manifestarme en combinación con él (a favor o en contra) y de ese modo encontrar respuestas que solamente por mí mismo, dada su profundidad, yo solo no podría encontrar.

Ese “afuera” me brinda una realimentación sin la cual no puedo saber si estoy actuando correctamente o no; TODO en este plano alcanza su equilibrio mediante la realimentación, eso es algo que no podemos negar por ser absolutamente evidente, por lo tanto, necesitamos ese “afuera” para que nos ayude a encontrar respuestas valederas en las que podamos confiar.

¿Puedo crecer sin ese “afuera”?
Si, probablemente puedo crecer, pero no en equilibrio, porque no tengo donde reflejarme, no tengo realimentación que me permita estabilizarme, encontrar mi punto medio.
¿Cómo distinguir los colores con los ojos cerrados? ¿Cómo saber si estoy hablando demasiado bajo o demasiado alto si no tengo realimentación auditiva que me lo indique? ¿Cómo mantener el equilibrio sin tener una referencia?

El Maestro Sai Baba no estaba del todo de acuerdo en que internarse a meditar durante tiempos muy largos dentro de una cueva, fuera la llave para la Iluminación. ¿Por qué? Porque faltaba la puesta en práctica y la verificación en el “afuera”.

El “afuera” me trae desafíos que debo enfrentar y eso me ratifica si estoy en realidad en condiciones o solamente es una idealización de mi imaginación; hasta que la vida no me pone a prueba, no puedo saber si voy a salir airoso o si aún me queda mucho por aprender.

Y si me manifiestara fuera del equilibrio, ¿Mis respuestas serían válidas, o estarían dirigidas por lo que sólo mi interior me indica? ¿Cómo saber si no están distorsionadas si no practico su desarrollo, su aplicación, su prueba, a través de mi relación con ese “afuera”?

¿Puedo encontrar respuestas sin la presencia de ese “afuera”? Puedo encontrarlas, mediante la meditación, el Estado Alpha, la intuición o el auto-análisis… pero no puedo verificar si están o no correctas. Puedo confiar en ellas, pero para contrastarlas y certificarlas, necesito del “afuera”.

Entonces, como plantea este autor… ¿Las respuestas nunca están afuera?
Se me ocurre una afirmación muy rígida que necesita cierta evaluación, porque sin el “afuera” no puedo encontrar todas las respuestas válidas, comprobables, equilibradas, armónicas, y coherentes que necesito.

Somos un Todo con el TODO, por lo tanto, cuánticamente, no existe el “adentro” ni el “afuera”, sino un conocimiento total (el Akasha) que se nos hace patente a medida que lo vamos descubriendo.

No podemos evolucionar aislados, no podemos auspiciar ni recomendar sólo el mirar hacia adentro, porque el resto de nuestro “universo” (el “afuera” que existe sin nosotros) es el que nos dará la medida de cuán acertado está lo que sintamos adentro.

Las respuestas pueden estar tanto adentro como afuera, en un porcentaje dinámico, a veces más, a veces menos; pero no podemos aislarnos porque iríamos en contra de la Ley del Amor, y eso significa “salirnos” de la vida, con las consecuencias naturales que ello implica.

¿No deberíamos entonces rendir el debido homenaje a ese tan desacreditado “afuera”? Da para una seria reflexión aplicando el discernimiento en su cabal expresión.

Lo que sí queda claro es que hoy ya no podemos confiar tan alegremente en el pensamiento del otro, dándolo por sentado sin un análisis propio, serio y responsable. Deberíamos aprender a DISCERNIR en nuestra búsqueda de respuestas, tanto en el “adentro” como en el “afuera”; de eso se trata la tendencia de este Nuevo Ciclo de Energía.

Busca tus propias conclusiones, no te limites a sólo lo que lees y te suena bonito. Bendiciones. Leo

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