¿LA FÓRMULA PARA QUE ARGENTINA SALGA DEFINITIVAMENTE DE LAS CRISIS?

Argentina es un país extraordinariamente rico, todos lo sabemos. También sabemos que su poder de recuperación es asombroso; esto es lógico porque en su Carta Natal podemos ver a Júpiter (el planeta protector y benéfico por excelencia) en su Casa 1, o sea, constituido en su esencia fundamental, en su “alma estructural” como país.

A través de la historia vemos que Argentina ha pasado por todos los tropiezos imaginables, pero siempre (y por siempre) ha podido salvar estas situaciones, de una manera u otra, porque la energía benefactora de Júpiter (Zeus) lo ha protegido.

Siempre, de una forma o de otra, Argentina ha sobrevivido y sobrevivirá; y si a veces sufre penosas crisis, se recompone al poco tiempo, en forma cíclica.

El Sol de la Carta Natal del país está arriba, en el Mediocielo (la parte más elevada de la Carta, el MC) lo que nos dice que su destino es brillar para que el mundo lo vea, y tarde o temprano, de una forma u otra, eso es lo que sucederá.

Sin embargo, La Luna, astro significador del pueblo de cada país, se encuentra en oposición, o sea, en la parte más baja de la Carta, o sea, en el IC (fondo del cielo). En palabras crudas, Argentina no surge como líder mundial porque los argentinos no la dejamos. “Tiramos” al Sol hacia abajo, en clara actitud suicida.

Alguien podrá decir: “Las divisiones internas no dejan que el país avance”. Otro especulará: “Es porque no nos sentimos hermanos”. Otro más, pensará: “Porque tal o cual partido se ocupa de postergarla”. Otro: “Falta espiritualidad”. Otro: “Falta amor a la patria”…

Sin embargo, la razón es sencilla y la solución (también sencilla) está al alcance de la mano de todos los argentinos, pero abismalmente lejos de su conciencia; ante sus ojos, pero invisible para la mezquina idiosincracia nacional, hay un principio elemental, que de tan sencillo parece ridículo.

Desde que el hombre ha pisado la Tierra y ha tenido que sobrevivir, al relacionarse en paz con los otros hombres, ha empleado un principio básico que siempre le ha dado resultado y que siempre le dará.

No importa que haya 100 partidos políticos, todos contra todos. No interesa si hay o no, espiritualidad. No importa si no nos sentimos hermanos. No afecta que “cada uno cuide su quintita”.

La respuesta es antiquísima, y siempre se ha utilizado en el comercio como Ley Fundamental; y es muy sencilla de comprender, pero los argentinos NO LA QUEREMOS ENTENDER.

El principio enuncia, simplemente: TÚ GANAS, YO GANO.

Es un precepto tan simple… si tú ganas y yo no gano, nunca habrá un acuerdo, y no querré negociar. Si yo gano y tú no ganas, tampoco. Ni hablar… si nadie gana. Pero si todos ganamos, y ponemos nuestra atención en eso en lugar de mirar el bolsillo ajeno y “contarle las costillas” (dicho criollo que expresa estar pendiente de lo que gana el otro) la cosa sería distinta.

Todos estaríamos contentos y felices, y aunque tuviéramos distintas banderas, pensamientos, clases sociales, ideologías, religiones… el país saldría adelante y con él, todos nosotros. ¿La riqueza? No hay que preocuparse, la tenemos ya incorporada desde el momento en que el país se fundó. Riqueza no nos faltará nunca.

Lo que SIEMPRE nos falta (los 5 centavos que no dejan que se complete el peso) es INTELIGENCIA. Porque somos egoístas y estúpidamente ambiciosos; porque desviamos TODA el agua para nuestro campito (aunque no la necesitemos), y el que está aguas abajo, que se arregle. Como decía mi ya fallecido viejo: “Que el que venga atrás… que arree”.

Esto muestra una tremenda ausencia de un principio fundamental: el amor entre hermanos, y el amor a la patria. Siempre va a estar primero el egoísmo, la intolerancia, la falta de participación, la ambición desmedida, la segregación. El de Boca que está contento porque River perdió en una contienda internacional, sin pensar en que perdió un equipo Argentino. Sin embargo, fue en este país que se acunó hace mucho la expresión “hacer una gauchada”, o sea, hacer algo desinteresado que favorezca al otro.

Expresión que se ha tergiversado en nuestros dirigentes como “vos me hacés una gauchada, yo te hago otra” (afanemos juntos), que en este caso no sería una “gauchada” sino una “guachada” al país, que somos todos.

Y eso que hemos tenido ejemplos de todo el mundo, como ser los “turcos” negociantes que poblaron nuestro país: “tú ganas, yo gano”. Y aún, cuando yo no gane esta vez, te conservo como cliente, porque siempre vas a querer hacer negocios conmigo ya que sabes que conmigo de un modo u otro, ganas. Y la próxima, me las ingeniaré para que ambos ganemos, pero siempre teniendo en cuenta de que sin falta “tú debes ganar” para que sigas siendo mi cliente.

Por eso perdemos inversores, por eso hay desfalcos de todo tipo a las arcas del Estado (no solo no dejan ni una moneda, sino que dejan DEUDAS), por eso nadie nos considera serios y no quieren hacer negocios con argentinos, por eso “nadie nos quiere” en el mundo, salvo cuando pueden aprovecharse de nuestro país y escamotearnos nuestra riqueza.

Esta actitud tan descabellada y egoísta es la que no nos deja avanzar. “Hoy todo para mí, mañana veremos…”. Es falta de amor, sí. Es falta de consideración. Es falta de inteligencia. Es falta de respeto. Pero sobre todo, es la tan proclamada “viveza” que aquí entendemos al revés, como que “no me basta con ganar, yo gano pero además, me aseguro que vos pierdas”.

Y fundamentalmente, es falta de equilibrio, es una infantil falta de conciencia, es la conducta típica inmadura del niño que no juega pero tampoco deja jugar. “Yo no gano, pero vos tampoco”, “yo la paso mal, pero vos también”... perversa y estúpidamente: “yo pierdo, pero no dejo que ganes”, “para qué te la voy a hacer fácil si puedo hacértela difícil”, “nivelar para abajo”…

Todas expresiones comunes que muestran al mundo el patético estado de la conciencia nacional. Hasta que no tengamos claridad sobre la actitud suicida que nos guía desde que la historia señala, no saldremos adelante.

Hasta que no aprendamos a compartir, a respetar, hasta que no dejemos (pido disculpas a los niños diferentes) de comportarnos como “autistas” (sobre todo cuando vamos en auto), hasta que no comprendamos algo tan sencillo como “yo gano, tú ganas, entonces todos ganamos” seguiremos arrastrándonos vergonzosamente, de crisis en crisis.

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